Îo Sôgui
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El día trajo un tímido sol matinal que terminaría vencido por las negras nubes que llegaban del noroeste y ya ocultaban el cielo.


Al bajar del autobús me asaltó ese fuerte y agradable olor a materia vegetal en descomposición que caracteriza el otoño.

Había llovido y volvería a llover. Y porque la lluvia es meteoro frecuente, fue que construyeron este gran pórtico que el oscuro día sumía en la penumbra.

En él, como es habitual, había un ara para misas al exterior, en el que la naturaleza hace las veces de retablo.
Del pequeño cementerio, tan limpio y ordenado, me sorprendió la fuerte influencia italiana, matizada por el uso de materiales como la mampostería, o la madera de las lápidas.

Influencia que en planta resulta más evidente.