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14.2.14

XXIV, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XXIV

Terminan aquí los trabajos de la mar, los trabajos
     del amor.
Cuantos vivan un día aquí, donde nosotros acabamos
si por ventura oscurece la sangre en su recuerdo y
     se desborda,
que no se olviden de nosotros, frágiles almas entre
     los asfódelos,
que vuelvan hacia el Érebo las cabezas de las víctimas:

y nosotros, que nada tuvimos, les enseñaremos la paz.

Diciembre 1933-diciembre 1944.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

13.2.14

XXIII, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XXIII

Un poco más
y veremos los almendros florecer
brillar los mármoles al sol
y ondularse la mar.

Un poco más
elevémonos un poco más.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

12.2.14

XXII, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XXII

Han pasado tantas y tantas cosas ante nuestros ojos
que nuestros ojos nada han visto, pero más allá
y detrás, el recuerdo, como un telón blanco una noche
     en un cercado
donde vimos imágenes extrañas, más aún que tú,
pasar y perderse en la fronda inmovil de un turbinto;

hemos conocido tan bien este destino nuestro
vagando por las piedras rotas -tres o seis mil años-
buscando en construcciones derrumbadas que tal vez
     pudieran haber sido nuestra propia morada
intentando recordar fechas y hazañas heroicas:
¿podremos?

hemos estado amarrados y hemos sido aventados,
hemos luchado contra dificultades, según decían, inexistentes,
perdidos, para volver a caer en un camino atestado
     de batallones ciegos,
hundiendonos en ciénagas y en el lago de Maratón,
¿podremos morir como es debido?


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

11.2.14

XXI, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XXI

Nosotros que emprendimos este peregrinar
hemos visto las estatuas mutiladas,
nos hemos perdido en el olvido y hemos dicho que
     la vida no se pierde tan fácilmente,
que la muerte posee un camino inescrutable
y una justicia propia,
y cuando erguidos morimos en pie,
hermanados con la piedra,
unidos a la dureza e impotencia,
los muertos de antaño han roto el cerco y resucitado
sonriendo en medio de una extraña paz.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

10.2.14

XX ANDRÓMEDA, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XX [ANDRÓMEDA]

Se abre de nuevo la herida en mi pecho
cuando declinan las estrellas y se encarnan en mi cuerpo
y cae bajo los pasos de los hombres el silencio.

¿Adónde me arrastrarán estas rocas hundidas en el tiempo?
Y el mar ¿quién podrá agotar el mar?
Veo en cada aurora a las manos hacer señas al buitre y 
     al gavilán,
atada en la roca que a fuerza de dolor llegó a ser mía
veo a los árboles respirar la negra calma de los muertos
y luego, la sonrisa inmóvil de las estatuas.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

8.2.14

XIX, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XIX

Aunque sople el viento no nos refresca
y sigue siendo estrecha la sombra de los cipreses
y todo alrededor, cuestas en las montañas.

Nos abruman
los amigos que no saben ya cómo morir.



Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

7.2.14

XVIII, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XVIII

He dejado pasar un caudaloso río entre mis dedos
sin beber una sola gota y estoy triste.
Ahora me siento naufragar en la piedra.
Un pino bajo en la tierra roja
es mi único compañero.
Todo lo que amaba se perdió con las casas
que aún eran nuevas el último verano
y se derrumbaron con el viento del otoño.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

6.2.14

XVII ASTIANACTE, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XVII

ASTIANACTE

Ahora que vas a marcharte toma contigo al niño
que vio la luz bajo aquel plátano,
un día en que las trompetas resonaban y las armas 
     relucían
y los caballos sudorosos se inclinaban a rozar
la verde superficie del agua en el pilón
con sus húmedos belfos.

Los olivos con las arrugas de nuestros padres
las rocas con la experiencia de nuestros padres
y la sangre de nuestro hermano viva aún sobre la tierra
eran un sólido gozo y un rico mandato
para las almas que conocieron su plegaria.

Ahora que vas a marcharte, ahora que raya el día
en que estás emplazado, ahora que nadie sabe
quién matará y quién va a morir,
toma contigo al niño que vio la luz
bajo las hojas de aquel plátano
y enséñale a meditar los árboles.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

5.2.14

XVI, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XVI


Y su nombre, Orestes.

¡En la Curva, en la Curva, otra vez en la Curva!
¡Cuántas vueltas, cuántos giros sangrientos,
cuántas filas negras, las gentes que me miran!
Que me miraban cuando montado en el carro
alcé, resplandeciente, el brazo y me aclamaron.

La espuma de los caballos me salpica ¿cuándo van a 
     cansarse los caballos?
Cruje el eje, el eje abrasa ¿cuándo arderá el eje?
¿Cuándo se romperán las riendas? ¿cuándo pisarán
     de lleno las herraduras la tierra,
la blanda hierba entre amapolas, donde tú
en primavera recogiste una margarita?
Tus ojos eran hermosos, pero no sabían dóne mirar
ni tampoco sabía yo dónde mirar, yo, sin patria,
aquí, luchando ¿por cuántas vueltas?
sintiendo flaquear sobre el eje mis rodillas,
sobre las ruedas, sobre la pista salvaje.
Las rodillas flaquean enseguida si los dioses quieren,
nadie se escapa, ¿de qué sirve la fuerza? no se puede
escapar del mar que te acunó y al que acudes
en esta hora de lucha en medio del jadear de los caballos,
con aquellas cañas que al estilo de Lidia cantaban
     en otoño
al mar que por mucho que corras no hallarás,
por más vueltas que des ante las enlutadas Euménides
     hastiadas ya,
sin remisión.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

4.2.14

XV, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XV

Quid πλατάνων opacissimus?

El sueño te envolvió, como un árbol, con el verdor
     de su fronda,
alentabas, como un árbol, en la luz serena,
contemplé tu rostro en la fuente clara: 
párpados entornados, y las pestañas, trazos en el agua.
Mis dedos encontraron en la yerba mullida los tuyos,
retuve tu pulso por un instante
y sentí en otro lugar la pena de tu corazón.

Bajo el plátano, junto al agua, entre los laureles
el sueño te transportaba fragmentándote
alrededor mío, cerca de mí, sin poder abordarte entera,
unida con tu silencio:
mientras veía crecer y menguar tu sombra,
perderse en otras sombras, en otro mundo
que te soltaba y retenía.

La vida que nos tocó vivir la vivimos.
Compadece a quienes con tanta paciencia esperan
perdidos entre los oscuros laureles bajo los robustos
     plátanos
y a cuantos solitarios hablan a pozos y aljibes
y se ahogan en las ondas de la voz.
Compadece al compañero que compartió con nosotros
     sudor y privaciones
y que se hundió en el sol, cuervo más allá de los
     mármoles,
sin la esperanza de ser correspondido.

Concédenos, fuera del sueño, la paz.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

3.2.14

XIV BOTELLA EN EL MAR, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XIV

Tres palomas de grana en la luz
trazan nuestro destino en la luz
con colores y gestos de gentes
que hemos amado.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

XIII HIDRA, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XIII

HIDRA


Delfines, gallardetes y cañonazos.
El mar, tan amargo una vez para tu alma,
alzaba los barcos multicolores y relampagueantes,
los mecía y bandeaba, todo era azul con alas blancas.
Tan amargo una vez para tu alma
rebosa de colores al sol.

Velas blancas, luz y húmedos remos
percutían a ritmo de timbal las blancas olas.

Hermosos serían tus ojos si miraran,
luminosos serían tus brazos si se abrieran,
vivos tus labios como entonces
ante un prodigio así:
lo buscabas
     ¿qué buscabas frente a la ceniza,
entre la lluvia, la bruma y el viento
al filo de la muerte de las luces,
mientras la ciudad se sumergía y desde las lajas
te mostraba su corazón el Nazareno?
¿Qué buscabas? ¿porqué no vienes? ¿qué buscabas?


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

2.2.14

XII BOTELLA EN EL MAR, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XII

BOTELLA EN EL MAR


Tres rocas, unos pinos requemados y una ermita
y más arriba
idéntico paisaje copiado se repite:
tres rocas en forma de dintel, herrumbrosas,
unos pinos requemados, negros y amarillos
y sepultada en cal una casita cúbica
y más arriba aún, varias veces
idéntico paisaje se repite en gradación
hasta el horizonte, hasta el cielo crepuscular.

Fondeamos aquí la nave por reparar los remos rotos,
para tomar agua y dormir.
El mar que nos amargó es profundo e inescrutable,
despiega una bonanza infinita.
Aquí, entre los guijarros, hallamos una moneda
y la jugamos a los dados.
El más joven la ganó y desapareció.

Volvimos a embarcar con nuestros remos rotos.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

1.2.14

XI, DE LEYENDA, DE SEFERIS

XI

Tu sangre se heló una vez como la luna,
en la noche inextinguible tu sangre
extendió sus alas blancas
sobre las rocas negras, los contornos de árboles
     y casas,
con un jirón de luz de nuestros años infantiles.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

30.1.14

X, DE LEYENDA, DE SEFERIS

X

Nuestra tierra es cerrada, todo montañas,
con un cielo bajo por techo día y noche.
No tenemos ríos ni pozos ni manantiales,
sólo algunas cisternas, y vacías, que retumban
     y a las que veneramos.
Un eco estancado y seco, como nuestra soledad,
como nuestro cariño, como nuestros cuerpos.
Nos extraña que hayamos podido antes levantar
nuestras casas, nuestras chozas y majadas.
Y nuestras bodas, las coronas lozanas y los dedos
se tornan enigmas insolubles para el alma.
¿Cómo han nacido y crecido nuestros hijos?

Nuestra tierra es cerrada. La cierran
dos Simplégades negras. En los puertos,
cuando bajamos los domingos a respirar,
vemos iluminarse en el crepúsculo
maderos rotos de viajes inconclusos,
cuerpos que ya no saben cómo amar.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

IX, DE LEYENDA, DE SEFERIS

IX

El puerto es viejo. No puedo esperar ya
ni al amigo que se fue a la isla de los pinos
ni al amigo que se fue a la isla de los plátanos
ni al amigo que se fue mar adentro.
Acaricio los cañones corroídos, acaricio los remos
por revivir mi cuerpo y resolverlo.
El aparejo exhala sólo el olor
de la sal de otra tormenta.

Si quisiera estar solo buscaría
la soledad y no esta espera,
los mil pedazos de mi alma en el horizonte,
estas líneas y colores, este silencio.

Las estrellas de la noche me arrastran al ansia
de Odiseo por los que murieron entre los asfódelos.
Cuando recalemos ante los asfódelos es que allí
     pretendíamos hallar
el valle que vio a Adonis herido.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña 

29.1.14

VIII, DE LEYENDA, DE SEFERIS

VIII

¿Qué buscan en su viaje nuestras almas?
apiñadas en cubiertas de barcos inservibles
junto a mujeres macilentas y niños llorando
sin hallar siquiera olvido en los peces voladores

ni en las estrellas adonde apuntan los mástiles,
consumidas por discos de gramófonos
ligadas sin quererlo a cumplidos inexistentes
musitando jirones de cavilaciones en lenguas extrañas.

¿Qué buscan en su viaje nuestras almas
en podridos leños por el mar
de puerto en puerto?

Removiendo piedras quebradas, respirando
la frescura del pino con más dificultad cada día,
nadando en las aguas de este mar
y de aquel mar,
sin contacto
sin gentes
en una patria que no es ya nuestra
ni vuestra.

Lo sabíamos, las islas eran hermosas
por aquí cerca donde tanteamos.
algo más abajo o más arriba,
a una distancia mínima.



Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

28.1.14

VII VIENTO DEL SUR, DE LEYENDA, DE SEFERIS

VII

VIENTO DEL SUR

El mar se funde hacia poniente con una cordillera.
A babor sopla el sur y nos trastorna
este viento que desnuda los huesos de la carne.
Nuestra casa entre pinos y algarrobos.
Amplias ventanas. Amplias mesas
para escribir cartas que por tantos meses
te escribimos y que entre nuestra distancia
echamos para llenarla.

Lucero del alba, cuando bajaste tu mirada
fueron nuestras horas más dulces que el bálsamo
en la herida, más gratas que el agua fría
al paladar, más serenas que el plumaje del cisne.
Sostenías en tu mano nuestra vida.
Tras el pan amargo del exilio
si de noche nos quedamos ante el muro blanco
tu voz se nos acerca como esperanza de un fuego
y este viento de nuevo afila
una cuchilla en nuestros nervios.

Cada uno de nosotros te escribió las mismas cosas
y cada uno guarda silencio ante el otro
mirando, cada uno, el mismo mundo para sí,
la luz y la tiniebla en la cordillera
y a ti.
¿Quién librará de esa pena a nuestro corazón?
Ayer noche, un diluvio; hoy
de nuevo gravita el cielo encapotado. Nuestros pensamientos
como las acículas de pino del aguacero de ayer
se agolpan a la puerta de casa y en vano
se obstinan en alzar una torre que se hunde.

En estos pueblos diezmados,
sobre este cabo a merced del viento del sur
con la cordillera ante nosotros que te esconde
¿quién tomará en cuenta nuestro empeño de olvido?
¿Quién aceptará nuestra ofrenda en este final del otoño?


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

27.1.14

VI M.R., DE LEYENDA, DE SEFERIS

VI

M. R.

El jardín con surtidores bajo la lluvia
tan sólo lo verás desde el ventanuco
tras el vaho de los cristales. Tu alcoba
estará sólo iluminada por la lámpara del hogar
y alguna vez, a la luz de relámpagos lejanos, aparecerán
las arrugas de tu frente, viejo Amigo mío.

El jardín con surtidores que en tu mano
eran cadencia de otra vida más allá de los mármoles
rotos y trágicas columnas,
danza entre las adelfas,
junto a nuevas canteras,
un cristal turbio lo habrá cortado de tus horas.
No volverás a respirar: la tierra y savia de los árboles
volarán de tu memoria para estrellarse
contra ese cristal peinado por la lluvia
del mundo de afuera.


24.1.14

V, DE LEYENDA, DE SEFERIS

V

No los conocimos
     era la esperanza íntima quien nos decía
haberlos conocido de muy niños.
Quizá los viéramos dos veces y tomaran luego el barco:
cargas de carbón, cargas de grano. Y nuestros amigos
allende el océano perdidos para siempre.
El alba nos encuentra junto a una luz mortecina,
dibujando con torpeza y con esfuerzo en un papel
barquitos, sirenas, caracolas.
Al atardecer bajamos al río
que nos señala el camino hacia la mar,
y pasamos las noches en sótanos con olor a brea.

Nuestro amigos se fueron
     quizá no los viéramos nunca,
quizá los hubiéramos encontrado cuando aún el sueño
nos llevaba tan cerca de la ola que respira,
quizá los estemos buscando porque buscamos la otra vida,
más allá de las estatuas.