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16.3.14

DOMINGO, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

DOMINGO

Dos robustos caballos y un carro lento, esto o algo más
     en la calle bajo mi ventana
es ese ruido.
Pronto será de noche; veo que me contempla aún un frontón
     lleno de estatuas mutiladas.
¿Cuánto pesan las estatuas?
Prefiero una gota de sangre a un vaso de tinta.


Londres, verano de 1933.



Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

15.3.14

SÁBADO, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

SÁBADO

- No he olvidado nada
todo está en su sitio, en orden, colocado
en espera de que la mano escoja,
no he podido, tan sólo, hallar los sueños infantiles
ni el lugar en que nació el héroe del drama
ni las primeras impresiones,
aquellas que evoca en el quinto acto,
en la cima de la desgracia.
Todo lo demás está ahí, en orden:
las máscaras de los tres sentimientos principales
y de los que hay por medio,
las vestiduras con sus pliegues listos para moverse,
los telones, las luces,
los hijos muertos de Medea,
el veneno y el puñal.
Dentro de esta caja está la vida cuando empieza a volverse
     insoportable,
si escuchas con atención podrás oír cómo respira;
cuidado, no la abras antes de que silben las Euménides.
Este vidrio encierra el amor del cuerpo
y este otro, azul, el amor del alma;
cuidado no los confundas.
En este cajón está la túnica de Neso
- acto quinto, escena tercera-
recuerdas que las palabras comienzan:
"¡Acabe ya mi vida, ay, ay!"
Aquí está la trompeta que derriba el palacio
mientras aparece la reina con toda su iniquidad,
éste es el interruptor de los micrófonos,
hasta el fin del mundo podría oírte.
¡Adelante! ¡Luz! ¡Buena suerte!

- Un momento, ¿quién voy a ser?, ¿a quién voy a matar?
Y esta gente que está mirándome
¿cómo se va a creer que me protege la justicia?
¿cómo va a creérselo?
¡Oh, si pudieramos amar
al menos como la abejas,
no como las palomas,
al menos como las caracolas,
no como las sirenas,
al menos como las hormigas, 
no como los plátanos...
Pero no los ves ¡están todos ciegos!
Duermen los ciegos...

- ¡Maravilloso!, puedes continuar.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

14.3.14

VIERNES, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

VIERNES

Cuántas veces desde entonces ha cruzado por delante de mis ojos una mujer de la que tan solo quedaban sus cabellos, sus ojos, su pecho y nada más, una sirena vagando por la mar y entre ellos corría una brisa fresca como sangre azul.



Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la peña

JUEVES, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

JUEVES

La he visto morir en muchas ocasiones,
unas veces llorando en mis brazos,
otras en los de un extraño,
una sola, desnuda:
así vivió a mi lado.
Ahora sé que no hay nada más allá 
y aguardo.
Si me angustio es sólo asunto mío,
como los sentimientos que por cuestiones tan simples
que, por así decir, hemos superado.
Sin embargo, me angustio todavía porque
tampoco yo he sido - como hubiera deseado -
como la yerba que oí crecer
una noche junto a un pino.
Porque no seguí al mar
otra noche en que las aguas se arrastraban
bebiéndose lentamente su amargor,
ni tampoco comprendí, cuando palpé las algas húmedas,
el precio que queda en las manos del hombre.
Todo ha pasado onerosamente y para siempre,
como las gabarras con sus nombres descoloridos
Helena de Esparta, Tirano, Gloria Mundi
bajo los puentes, más allá de las chimeneas,
con dos hombres semidesnudos
inclinados a proa y a popa.
Pasaron, no distingo nada, en medio de la niebla matinal,
sin distinguirse apenas de los corderos ruminado echos un ovillo
ni distinghuir en la noche la luna sobre el río
que espera;
sólo siete lanzas hundidas en el agua
estancada y sin sangre
y, a veces, en las losas lúgubremente iluminadas
bajo la torre bizca,
un Nazareno pintado con lápiz rojo y amarillo
enseñando su llaga.
"No echéis vuestro corazón a los perros.
No echéis vuestro corazón a los perros".
Su voz se hunde con el sonido del reloj;
tu voluntad, busqué tu voluntad.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

13.3.14

MIÉRCOLES, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

MIÉRCOLES

ad vigilias albas.

- ¿Porqué no anochece?
- Mira si quieres, por algún lado saldrá la luna nueva.
- Todos miran qué vas a hacer
y tú miras a la gente que te mira.
Las miradas describen un círculo angosto
imposible de romper.
Si alguien naciera el círculo crecería
si alguien muriera el círculo mermaría,
pero tan poco y para tan poco.
Los otros cuatro sentidos también siguen la misma
     geometría.
Si amáramos se rompería el círculo,
cerraríamos los párpados un instante.
Pero no podemos amar.

Eran hermosos tus ojos pero no sabían dónde mirar
y cuando dijiste que nos fuéramos porque empezaba 
     a oscurecer
te volviste y miraste mis ojos, entonces un murciélago
echó a volar describiendo triángulos...
El gramófono ha vuelto a empezar.
Nuestros propios murciélagos ahora
describen círculos que se estrechan a medida que vuelan
de una persona a otra, nadie esquiva
a otra persona.
La vida es rica porque somos muchos
y todos los mismos.
La vida es rica porque hemos encontrado máquinas perfectas
cuando nuestros sentidos pierden su vigor.
¡Hermanos, hemos repartido el pan y la fatiga!
Nadie tiene hambre, nadie aguanta más
y somos todos de la misma talla. ¡Miradnos!
Os estamos mirando. ¡Y nosotros! ¡Y nosotros! ¡Y nosotros!
No hay nada más allá
- Sin embargo, a la mar
no sé que la hayan vaciado.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la peña

12.3.14

MARTES, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

MARTES

I went down to St. James Infirmary.
Blues.

Me perdí por la ciudad.
El Hospital de Juan Tavera oculta los jardines.
Calles que envuelven rumores.
Cada hombre camina sin saber
si ha empezado o concluido
si va a casa de su madre, de su hija o de su amante
si juzgará o será juzgado
si escapará, si habrá huido;
no lo sabe.
En cada esquina una tienda de gramófonos,
en cada tienda cien gramófonos
en cada gramófono cien discos
y en cada disco
alguien vivo juega con un muerto.
Pon las agujas de acero y distínguelos
si puedes.

Mas qué poeta ¿qué poeta
probó la aguja de acero
en las suturas del cráneo humano?
¿Recuerdas su canción aquella tarde?
Recuerdo que nos pidió una aspirina,
sus ojos jugaban dentro de unos rizos negros,
estaba pálido y dos profundas arrugas
cubrían su frente. ¿Quizá acaso
no eras tú? ¿quizá no era yo? ¿o era quizá
Antígona en silencio con los hombros
vencidos sobre el pecho?
Diez noches la retuve a mi lado,
lloraba cada mañana por su hijo.
Recuerdo que buscaba una botica.
Todas estaban cerradas. No sé para quién era.

Me perdí por la ciudad.
Nadie va a cambiar de sitio el hospital
lleno de niños impedidos que me hacen señas
a mí o a los otros que me siguen.
Olores de medicinas en el aire
que pesan, se enamoran y mezclan
con los escapes de automóviles que huyen
al campo con parejas rubias
prerrafaelitas un tanto evanescentes.

En la primavera del 23 murió
en su baño Livia Rimini, la estrella;
la encontraron muerta entre perfumes
cuando el agua aún no estaba fría.
Ayer todavía, en el cine, me miraba
con ojos inusitados.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

11.3.14

LUNES, DE NOTAS A UNA SEMANA, DE SEFERIS

British grown daffodils.

LUNES

Entre los asfódelos lacios duermen los ciegos,
una multitud de ciegos y los asfódelos languidecen
marchitos por la escarcha de la aurora.
(recuerdo las orquídeas el último invierno
cerradas por el calor.
Acabe ya mi vida).
Instrumentos inútiles sus cabezales,
fonógrafos raquíticos
armónicas agujereadas
armonios desvencijados;
¿habrán muerto?
Un ciego inmóvil no puede fácilmente distinguir,
reviven a veces sus sueños, por eso digo que duermen.
Alrededor de las casas, vestiduras petrificadas de ángeles
     me advierten
que no fluye el río, que ha olvidado la mar
y sin embargo la mar existe ¿quién podrá agotarla?
los ciegos duermen,
corren los ángeles desnudos por sus venas,
les sorben la sangre y les procuran sensatez
y el corazón, con sus ojos de espanto, calcula
cuándo será estéril.
Contemplo el río,
brisas ligeras soplan bajo el sol impotente,
nada más, el río aguarda;
compadécete de aquellos que no aguardan.
Nada más; basta por hoy.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña