
Hoy he descubierto las primeras flores de los ciruelos rojos: pequeñas, delicadas y en poco número, pues este clima no es favorable a esa especie. Su aparición coincide con el esplendor de la floración de las camelias.

El cielo se mostraba así de bello. Los velos de nubes sobre un azul poco habitual, el aire limpio y la luz me transportaron a momentos felices de mi infancia.

No dejaron de contagiarse de alegría ni los rincones a los que sólo llegaba indirectamente el sol primaveral.