
Por el camino se pasaba constantemente de una comunidad a otra: País Vasco, Navarra y La Rioja (puestos por orden de aparición, como en el teatro). Las carreteras eran estrechas y llenas de curvas, y cruzaban los pueblos por el centro. Observé que los vascos preferían pintar una mediana discontinua en sus tramos, mientras que los navarros pasaban de la mediana y haciendo un alarde de generosidad, dibujaban los dos límites laterales continuos; de los riojanos no diré que hacían, porque no me acuerdo...
La policía llama a estas zonas "puntos calientes", porque la gente aprovecha que la ertzaintza no tiene competencia fuera del País Vasco, y que la guardia civil no lo tiene fuera de La Rioja y Navarra, para hacer de las suyas...

Este bello y rotundo anexo fue lo que más me gustó del pueblo.
Elvillar se termina rápidamente, pero sus palacios y la iglesia de Santa María merecen una visita.

Y este olivo, merece una foto.