Nunca se sabe cuándo va a tener que aparcar uno todo y abandonar esta ingrata vida. Yo voy a salir caro a mi funeraria, porque mi ataúd tiene que ser grande (a no ser que adelgace en el camino, o me metan de canto).
Quizá sea mejor disponer que me incineren. En el cementerio de Castro-Urdiales he visto unos nichos pequeñitos para cenizas, con estupendas vistas del mar...