Escucho por la radio un concierto navideño de música clásica. En él se interpretan obras muy conocidas: una suite de la ópera "Carmen"; la obertura de "Guillermo Tell"; un vals de "el lago de los cisnes"; la quinta de las danzas húngaras de Brahms... Pero el comentarista insiste en hacer de menos el evento, repitiendo una y otra vez que se trata de un repertorio "popular", para "divertirse", calificando las composiciones de "pegadizas" y "efectistas". Remata la dignidad del concierto utilizando como arma arrojadiza a los "muchos niños asistentes", que dice son llevados por sus padres para que se inicien en la música clásica. Es decir, que los adultos ni siquiera están porque les guste, sino por obligación...
Conozco las obras y disfruto con ellas, pero escuchando a este hombre parece que debería avergonzarme de ello. El bagaje adquirido durante tantos años, ¿va a resultar despreciable? ¡Y yo que creía ventajosa una formación generalista...!
Cada uno de nuestros conocimientos es una piedra. El locutor, viendo que todos tenemos las nuestras, parece despreciar las suyas. Yo voy a ver si con las mías levanto algo; no importa que sea vulgar.
Conozco las obras y disfruto con ellas, pero escuchando a este hombre parece que debería avergonzarme de ello. El bagaje adquirido durante tantos años, ¿va a resultar despreciable? ¡Y yo que creía ventajosa una formación generalista...!
Cada uno de nuestros conocimientos es una piedra. El locutor, viendo que todos tenemos las nuestras, parece despreciar las suyas. Yo voy a ver si con las mías levanto algo; no importa que sea vulgar.