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9.10.14

VI LA MIGA, DE PLATERO Y YO, DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

VI LA MIGA

Si tú vinieras, Platero, con los demás niños, a la miga, aprenderías el a, b, c, y escribirías palotes. Sabrías tanto como el burro de las Figuras de cera —el amigo de la Sirenita del Mar, que aparece coronado de flores de trapo, por el cristal que muestra a ella, rosa toda, carne y oro, en su verde elemento—; más que el médico y el cura de Palos, Platero.

Pero, aunque no tienes más que cuatro años, ¡eres tan grandote y tan poco fino! ¿En qué sillita te ibas a sentar tú, en qué mesa ibas tú a escribir, qué cartilla ni qué pluma te bastarían, en qué lugar del corro ibas a cantar, di, el Credo?

No. Doña Domitila —de hábito de Padre Jesús Nazareno, morado todo con el cordón amarillo, igual que Reyes, el besuguero— te tendría, a lo mejor, dos horas de rodillas en un rincón del patio de los plátanos, o te daría con su larga caña seca en las manos, o se comería la carne de membrillo de tu merienda, o te pondría un papel ardiendo bajo el rabo y tan coloradas y tan calientes las orejas como se le ponen al hijo del aperador cuando va a llover…

No, Platero, no. Vente tú conmigo. Yo te enseñaré las flores y las estrellas. Y no se reirán de ti como de un niño torpón, ni te pondrán, cual si fueras lo que ellos llaman un burro, el gorro de los ojos grandes ribeteados de añil y almagra, como los de las barcas del río, con dos orejas dobles que las tuyas.

16.6.14

IV, V Y VI, DE NOTAS PARA UN POEMA, DE I "DÍAS DE 1945-1951", DE CUADERNO DE EJERCICIOS II, DE SEFERIS

IV

Compañeros que bailáis disfrazados
en una cima que la ruina tantas veces ha coronado
jugando con cintas de colores.
Bailando, lo estáis viendo, la danza del torzal-


V

Cuando el sol perfora la espesura
tira al suelo cequíes de oro,
réplica a cada ofrenda nuestra-



 VI

Como los rostros ajados de los viejos
caen las máscaras en las fosas abiertas-





Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

1.6.14

VI, DE SOLSTICIO DE VERANO, DE TRES POEMAS SECRETOS, DE SEFERIS

VI

Al pie de los laureles
al pie de las blancas adelfas
al pie de la roca erizada
Recuerda la túnica que has visto
abrirse y deslizarse por tu desnudez
ha caído muerta
en torno a tus tobillos.
Si cayera así este sueño
entre los laureles de los muertos.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la peña

26.5.14

VI, DE EN ESCENA, DE TRES POEMAS SECRETOS, DE SEFERIS

VI

¿Cuándo volverás a hablar?
Son hijas de muchos hombres nuestras palabras.
Se siembran y nacen como criaturas
echan raíces se nutren de sangre.
Como los pinos
retienen la figura del viento
cuando el viento ha huido y ya no está,
lo mismo las palabras,
guardan la figura del hombre
cuando el hombre ha huido y ya no está.
Quizá buscan conversar las estrellas
que una noche hollaron tu inmensa desnudez,
Cisne, el Arquero y Escorpión,
ellas quizá.
Pero, ¿dónde estarás en el instante en que llegue
aquí la luz a este teatro?


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

20.5.14

VI, DE SOBRE UN RAYO DE SOL INVERNAL, DE TRES POEMAS SECRETOS, DE SEFERIS

VI

A un tenue suspiro sigue otro, una brisa
mientras dejas el libro
y rasgas inútiles papeles del pasado
o te asomas a mirar en la pradera
arrogantes centauros que galopan
o adolescentes amazonas sudorosas
por todos los regueros de su cuerpo
que contienden en el salto y en la lucha.

Brisas resucitadas un amanecer
en que creerías que el sol ha nacido.




Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

27.1.14

VI M.R., DE LEYENDA, DE SEFERIS

VI

M. R.

El jardín con surtidores bajo la lluvia
tan sólo lo verás desde el ventanuco
tras el vaho de los cristales. Tu alcoba
estará sólo iluminada por la lámpara del hogar
y alguna vez, a la luz de relámpagos lejanos, aparecerán
las arrugas de tu frente, viejo Amigo mío.

El jardín con surtidores que en tu mano
eran cadencia de otra vida más allá de los mármoles
rotos y trágicas columnas,
danza entre las adelfas,
junto a nuevas canteras,
un cristal turbio lo habrá cortado de tus horas.
No volverás a respirar: la tierra y savia de los árboles
volarán de tu memoria para estrellarse
contra ese cristal peinado por la lluvia
del mundo de afuera.