

Siempre me ha gustado mucho esta casa de la arquitecto japonesa Kazuyo Sejima. Probablemente porque siento que podría ser una obra mía. Y la verdad es que sería feliz si después de una trayectoria profesional como la suya, mantuviera la frescura necesaria para concebir algo así.

Desde el primer momento este proyecto me recordó la villa Madama de Rafael (quien también construyó) en Roma: una rotonda acoge a quien llega, acompañando el movimiento del carruaje y es "abrazada" por el edificio. El coche sustituye al carruaje en la casa N. Y como en todo palacio clásico, atravesando el edificio se llega al jardín. En la casa N la fachada curva posterior resulta menos clásica por no someterse ya a la simetría. Pero la forma de la fachada posterior no es gratuita. Con ella consigue dar continuidad a la edificación que define el perímetro de la manzana y completarla, consiguiendo al mismo tiempo que ese espacio de la esquina forme parte de su edificio.
Sejima adapta el programa y la forma de los espacios interiores a la forma exterior del edificio, igual que hizo también Rafael, como puede apreciarse que el cuerpo izquierdo de la Madama, que termina en apenas el ancho del muro, lo que deja tan limitado su uso interior que, de hecho, las dos últimas ventanas son ciegas porque tras ellas no hay espacio para estancias. En la casa N el espacio principal queda "constreñido" entre las fachadas anterior y posterior, resultando una forma "residual" en planta que puede apreciarse en otras obras de la misma arquitecto, así como en las de Toyo Ito, arquitecto que ha influido en Sejima. Pero Sejima no olvida dar "empaque" a ese espacio principal. El vestíbulo con escalinata o el salón abovedado de la arquitectura clásica, aparecen en la casa N como una doble altura.


Y aquí alguien podría preguntarse: ¿porqué tantas referencias a la arquitectura clásica si finalmente no hace uso de elemento alguno del lenguaje de esa arquitectura? Y sería una buena pregunta, no tan fácil de responder. Forma parte de la evolución de todas las artes hacer referencia a sus antecedentes pero distinguirse de ellos. Ni siquiera las imitaciones literales lo son del todo, pues en ese caso se distinguirían por su aspecto flamante de cosa recién construida. Sejima, igual que Le Corbusier, toma del clasicismo lo que de esencial entiende que hay en él: simetría y proporción. Y otros aspectos, como material o lenguaje, no le interesan. Prefiere adoptar estas últimas características de otros momentos de la arquitectura.