Pasé tantos y tanto días por aquella estación de tren, que se conviertieron en uno solo. Un solo día en el que corté un ramo de lilas para mi madre; en el que vi las raíces de los álamos abrirse paso en el asfalto; a los gitanos calentarse en una hoguera; florecer aquel melocotonero; llover a mares; apagarse para siempre el horno alto... ¡Qué tristeza anega mi alma y rebosa por mis ojos cuando recuerdo el pasado, por el mero hecho de haber pasado sin sentido...!

Estación de Urbínaga, Sestao, Vizcaya.
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