16.5.07

CRÓNICA DE LA PRIMAVERA: MADRID (SIESTA)



Un apunte “antropológico” a propósito de un comentario de Sánchez Dragó en una entrevista que le hizo "el loco de la colina":

En la entrevista achacaba los males de la patria al hecho de que estamos "mal dormidos", y decía, entre otras cosas, que a él le gusta acostarse y levantarse con el sol... Evidentemente, simplificaba y exagerada, pero voy a quedarme con el razonamiento literal.

Si viviéramos en Guinea Ecuatorial, donde los días son igual de largos que las noches, seguramente el comentario sería acertado, pero la cosa se complica si tenemos en cuenta que nos encontramos por encima de los cuarenta grados de latitud. Se puede decir que soportamos ocho horas de diferencia entre el día del solsticio de verano y el del solsticio de invierno, lo que no sería mucho problema si viviéramos en la autarquía, cultivando la tierra y cuidando de dos vacas y unas gallinas. Pero una sociedad más compleja requiere de un orden por encima de estas vicisitudes y se impone “homogeneizar”. Y así, mientras la mayoría de los estados se organizaron en función del día más corto, España lo hizo del día más largo, lo que ha conllevado muchas e insospechadas consecuencias. Sánchez Dragó tiene razón en afirmar que el horario madrileño (que no español, pues él habla de lo que conoce) es desquiciante, pues tiende a jornadas de dieciséis de las veinticuatro horas del día, cosa que no hay ser humano que soporte, salvo... que se eche una siesta. Porque es precisamente en la siesta donde radica la diferencia entre la forma sabia y la necia de vivir en España. Si la lejanía entre el trabajo y el sofá no permite dormir una cabezada, habrá que habilitar un lugar en la oficina donde poder hacerlo, y así estar frescos la segunda mitad de nuestros largos días.
...
Cuando Londres empezó a ser demasiado extenso y a resultar incómodo ir y volver en el día, la gente se planteó alquilar un piso (lo más normal era hacerlo entre varios) donde poder descansar, cobijarse, dormir, etc. Se trataba de una especie de segunda residecia, pero a la inversa de lo que conocemos aquí como tal. Después a esa nueva tipología le pusieron el nombre de club.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No hay nada mejor que una buena siesta.