Algún lugar del Retiro. Madrid.
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En Madrid, el árbol más castizo es el Plátanus x hipánica, que se viene utilizando desde que se obtuvo por vez primera, a partir del cruce de Plátanus occidentalis y Plátanus orientalis. El pobre está un poco en desuso, en parte por aburrimiento, y en parte por una enfermedad que los afea desde hace algún tiempo, y que algunos llaman “escoba de bruja”. Su éxito radica (nunca mejor dicho) en que soporta bien la poda y en que es muy resistente a nada que se cuide un poco. Los enormes ejemplares que asombran el Paseo del Prado son de esta especie.
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Al plátano le siguen las acacias (tanto la Robinia pseudoacacia, como la Sophora japónica), que no es que se den bien en el clima de Madrid, sino que “se buscan la vida” con sus potentes raíces. Para mí es un misterio que se sigan plantando con profusión estas dos especies.
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El olmo siberiano, o Ulmus pumila, completa la tríada de árboles más socorridos, junto a las dos acacias antes mencionadas. Es uno de los pocos supervivientes de una enfermedad (la grafiosis) que arrasó con las especies más importantes de olmos del planeta en pocos años. El olmo era el rey de Castilla (seguramente el mejor de sus árboles de sombra), pero habrá que esperar que la terrible enfermedad remita para volver a disfrutar de ellos. El olmo de Siberia es árbol de escaso porte y sombra irregular, y que en Madrid, si no se cuida, suele ser arbustivo. No es atacado por la grafiosis, pero es sensible al ataque de otras enfermedades, y no suele durar muchos años.
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Después se puede destacar el castaño de indias (Aesculus hippocastanum), que es el árbol más común en los grandes parques como el Retiro y del Campo del Moro. Se trata de otro de los misterios de la jardinería de Madrid, porque si se comparan los ejemplares más añosos de la villa, con los de cualquier lugar más fresco y húmedo de Europa, los primeros parecen bonsáis, lo que indica que muy agusto no están.
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Los álamos son un clásico de la jardinería privada, en especial el Pópulus alba bolleana. También los jardines públicos cuentan con ejemplares de esta variedad, aunque, como todos los álamos, dan muchos problemas con sus potentísimas raíces. Las acacias se las apañan, pero los álamos son como Atila.
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El cedro es una de las especies más adecuada para el duro clima de la meseta baja, pero... son políticamente incorrectos en Madrid, ya que al parecer se fomentó su plantación durante la última dictadura y a muchos les traen malos recuerdos... Son parte importante de los bosques de la ladera sur del Sistema Central, y se pueden encontrar espléndidos ejemplares en todos los parques. Se plantan, sobretodo, el Cedrus deodara, o cedro del Himalaya, y el Cedrus atlántica, o cedro del Atlas (es muy apreciada la variedad de hoja azulada, o glauca); en menor medida puede verse el Cedrus libani, o cedro del Líbano (los que hay delante del Museo del Prado son cedros del Líbano).
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Destacaría también el ciprés de Arizona (Cupressus arizónica), cuya resistencia a la sequía, al sol y a la poda, ha hecho que se convierta en una de las especies más socorridas para formar setos.
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Junto a la estación de Atocha hay una plantación de almeces (Celtis australis), quizá previstos por el equipo de Rafael Moneo, y a los que parece no irles mal. Ésta y otras especies como la encina (Quercus ilex), son buenas candidatas para asombrar a los madrileños, como alternativa a las de siempre.
3 comentarios:
Estoy fascinada. Ese olor tan particular que tiene Madrid (yo lo noto nada más llegar) ¿es de los plátanos? He disfrutado leyéndote, gracias.
Muchas gracias, Nuria. Creo que ese aroma proviene de los álamos (Populus) y en especial de los chopos (Pópulus nigra itálica). A mí me encanta, y es curioso, porque tú eres la primera persona que me dice que le ha llamado la atención.
Pues me has aclarado algo que aunque no me preocupaba, siempre me había intrigado. Probablemente se necesitaba de una opotunidad tan agradable como ésta para saberlo ;)Gracias de nuevo.
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