Elegí este poema de Yorgos Séferis porque menciona los agapantos (cuya foto aparece más abajo), pero podría haberlo hecho por su belleza. A mí no me parece melancólico. La vida, nos dice Séferis, es un largo viaje como el de Odiseo (o Ulises). El camino está lleno de vicisitudes, pero él espera encontrar, al llegar, la paz de su hogar y la fidelidad de su perro Argos. No he descubierto porqué hay que hablar con los muertos para encontrar el camino de vuelta, ni el papel de la flores en todo ello, y otros muchos símbolos del poema se me escapan, pero a pesar de todo, resuena en mí y me identifico con el autor-personaje, porque me siento también perdido en el absurdo mar de la vida, al capricho de los dioses inventados por los hombres y de mis propios impulsos (el amor, la sed de sangre y la simiente del cuerpo...)
Islares se encuentra en una zona poco promocionada de Cantabria, entre Laredo y Castro-Urdiales, junto a Oriñón. A pesar de quedarme relativamente cerca, no conocía bien este pueblecito antes de ayer, que me tocó visitarlo por mi trabajo. Creo que le pasa como a Bilbao, que no tiene una belleza cuya contemplación merezca la pena salvar cientos de kilómetros, pero sí es muy agradable encontrarlo en la vida cotidiana.
Mmmmmmmmmmmm, cómo me gusta Oriñón y Sonabia, y su ballena, y el ojo de la bruja, y sus dunas y estar tumbada boca arriba en la arena un día nublado pero tibio y ver cómo los buitres te sobrevuelan... Lo malo es la resaca de Sonabia, que tiene un peligro...
4 comentarios:
si no hubieras publicado abajo las fotos de las flores empezaría a preocuparme por tu estado de humor,,,
y esa melancolía???
Elegí este poema de Yorgos Séferis porque menciona los agapantos (cuya foto aparece más abajo), pero podría haberlo hecho por su belleza.
A mí no me parece melancólico. La vida, nos dice Séferis, es un largo viaje como el de Odiseo (o Ulises). El camino está lleno de vicisitudes, pero él espera encontrar, al llegar, la paz de su hogar y la fidelidad de su perro Argos.
No he descubierto porqué hay que hablar con los muertos para encontrar el camino de vuelta, ni el papel de la flores en todo ello, y otros muchos símbolos del poema se me escapan, pero a pesar de todo, resuena en mí y me identifico con el autor-personaje, porque me siento también perdido en el absurdo mar de la vida, al capricho de los dioses inventados por los hombres y de mis propios impulsos (el amor, la sed de sangre y la simiente del cuerpo...)
Islares se encuentra en una zona poco promocionada de Cantabria, entre Laredo y Castro-Urdiales, junto a Oriñón. A pesar de quedarme relativamente cerca, no conocía bien este pueblecito antes de ayer, que me tocó visitarlo por mi trabajo.
Creo que le pasa como a Bilbao, que no tiene una belleza cuya contemplación merezca la pena salvar cientos de kilómetros, pero sí es muy agradable encontrarlo en la vida cotidiana.
Mmmmmmmmmmmm, cómo me gusta Oriñón y Sonabia, y su ballena, y el ojo de la bruja, y sus dunas y estar tumbada boca arriba en la arena un día nublado pero tibio y ver cómo los buitres te sobrevuelan...
Lo malo es la resaca de Sonabia, que tiene un peligro...
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