
Tuve que llegarme a Amorebieta, donde el paisaje estaba espléndido después de las lluvias. Las nubes todavía se entretenían, remoloneando, en las copas de los pinos.

También el cielo se mostraba interesante.

Y paneles como éste, llenos de anuncios y carteles de todo pelo, aparecían así de coloridos.

El río Ibaizábal, de presa en presa, iba reflejando la poca luz de la tarde.

La humedad obliga a soluciones como ésta (si el acero entrara en contacto con el suelo, se corroería en muy poco tiempo, así que se ancla toda la estructura a la fachada). Como elemento nuevo que era, estaba impecable y parecía invitarme a que le sacara una foto.

Incluso este aseo presentaba un colorido espectacular.

Esta fuente de fundición es más discreta, pero la incluyo porque sí.
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