10.5.08

CIÉRVANA EN LA LLUVIA

Salí de casa con un optimismo infundado, pues aunque no llovía en ese momento, sí que estaba muy encapotado. Ni paraguas, ni chubasquero; sólo el teléfono, las gafas y la cámara, recogidas en una chaquetilla de entretiempo de tela.



El autobús tardó mucho en llegar, como siempre, aunque lo peor fueron las quejas al respecto, a voz en grito, de un grupo de amiguetes que iban de comilona. Por lo oído de ellos, les clasificaría de cuarentones, chiquiteros, futboleros, homófobos y vocingleros.



Al llegar comenzó a caer chirimiri, y ya no paró. Todo viviendas unifamilares, en su mayor parte autoconstruidas. Ni un solo alero bajo el que refugiarse.



Más fuerte o más suavemente, continuó lloviendo todo el tiempo que permanecí allí.



Por suerte, había un barecito del ayuntamiento en el que se podía tomar un café, a cambio de 1,1 € y de tener que escuchar la televisión a todo volumen.



Encontré un móvil en la acera e inmediatamente imaginé varias cosas sin fundamento sobre su propietario: que era una mujer, y que había venido a ver a un anciano... Repasé todas las posibilidades que tenía respecto de aquel aparato, y finalmente opté por devolverlo.



Llamé al primer número de la lista y expliqué lo que pasaba. Al poco rato recibí una llamada en la que una voz femenina me explicó que había perdido el teléfono yendo de visita a una residencia y que, por favor, lo dejara en la farmacia del pueblo.

Por suerte, durante el trayecto de vuelta el silencio reinó entre los pasajeros.

4 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Un día interesante, un gesto de agradecer lo del móvil perdido.
Saludos.

Glo dijo...

Gracias. Un saludo, nómada.

Anónimo dijo...

mmm....

¿Así que atinaste?

Mujer que visita a persona mayor...

¿por qué?

¿llevaba adornitos el movil?

Qué curiosidad tengo!

Un beso, Glo!

Glo dijo...

Creo que Shakira se equivoca dos veces cuando dice en una de sus canciones que "... las mujeres somos las de la intuición...": una, porque establece una diferencia sexista que acabará, tarde o temprano, por volverse en su contra, y otra, porque supone que los hombres carecemos de esa capacidad.

Entiendo que intuir es sólo deducir con rapidez. Algo que requiere de un poco de experiencia y del hábito de observar.

El móvil era normal, pero su posición excéntrica en la acera, junto al muro, me dio a entender que se había caído a alguien que estaba hurgando quizá en un bolso. En un pueblecito en el que la mayoría de las viviendas son unifamiliares, los propietarios y sus familiares o amigos aparcan en el garaje o enfrente de su casa, así que si alguien deja el coche junto a una tapia, entiendo que es de fuera. Pero no un turista curioso, pues llovía y el lugar casi no tiene atractivo, sino alguien que va con cierta prisa y que después está ocupado haciendo algo que le impide notar la pérdida. El dato de la residencia aún no lo tengo en la conciencia; quizá vi el cartel de algún establecimiento de ese tipo y después lo olvidé, aunque manteniendo las sensaciones asociadas.

Elemental, querida lena...