Me resulta muy difícil hablar de mis cuitas: soy corto de vista y no las distingo bien para darles caza y diseccionarlas como lagartos; además el auditorio se me fatiga, pues la emoción se queda en mí y a ellos sólo les llega una urdimbre polvorienta de palabras manidas y torpemente enlazadas.
Así que, a falta de talento con las figuras, hago un molde con la serenidad, la belleza y la alegría, y lo echo a rodar...
3 comentarios:
Yo antes era así, pero con la edad se me ha corregido la vista de verme por dentro, así que ahora largo que da gusto y, si ocurriera que aburro a las piedras, pues vale, antes me aburrieron ellas a mí. Es la ley cósmica de las compensaciones.
De todas formas, mientras llega tu turno (te llegará... jis... te harás mayor... más jis...), seguiré atentamente, con la vista de ver afuera, la rodada de tu molde.
Solo es cuestión de prestar atención a lo que ocurre en el ámbito interno.
Adelante.
Muchísimas gracias a ambos.
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