
El sol calentaba a través de un cielo apenas velado por un fino estrato de nubes. El viento fresco y húmedo soplaba con fuerza, haciendo olvidar el calor; chocaba con la montaña formando un penacho de niebla y arrastraba arena que se iba depositando lentamente sobre las cosas tendidas en la playa.
La abuelita y la nieta pasaron mucho rato recogiendo chirlas, lapas y algunos caracoles de tierra, grandes y pequeños, porque en el agua la niña tiritaba de frío y ya no podían estar más.
Los cuerpos estaban tumbados contra la pendiente, con la cabeza hacia el mar y los pies hacia tierra, porque así lo manda la geografía.
Dieron las tres en la campana de la pequeña ermita ¡Se nos había olvidado comer!.
2 comentarios:
Que envida y por aquí achicharraos vivos con el terral.
Bonita historia.
Saludos.
Muchas gracias, nómada.
Si vienes por aquí no te aseguro que haya sol, e incluso puede que llueva, pero lo que sí es casi seguro es que no pasarás mucho calor ni mucho frío.
Un saludo refrescante.
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