10.9.08

LEKEITIO Y LA LUZ NUEVA

La luz ha cambiado. Llega más horizontal y saca colores más vivos a las cosas.



También ha cambiado el aire. Huele a hojas caídas.



En Lekeitio apretaba el sol, pero llegaba brisa fresca del mar. Su influencia se siente hasta el puerto (de montaña) de Trabakua. Más allá, ya en la cuenca del río Ibaizábal, el aire, pesado y caliente, no se movía. Durango parecía estar cociéndose en un horno.



La pequeña playa de Lekeitio, con la isla de San Nicolás al fondo. Una pequeña barra construida entre ella y tierra firme, impide que el agua del río Lea contamine la pequeña rada.



Esa barra no se ve en las fotos porque sólo queda al descubierto con la marea baja.



La he señalado con una flecha en esta foto aérea, en la que aparece también sumergida por la marea alta.



... Y, por estar tan cerca, no me resisto a señalar el que tiene fama de ser el primer pino insignis que Adán de Yarza trajo de California, aunque lo más probable es que se trate de uno de los primeros descendientes de aquel.

4 comentarios:

JL. Seisdedos dijo...

La encantadora luz del otoño... que ahora filtra un rayo dorado por una rendija de la contraventana.
:-)

Glo dijo...

Gracias por la visita, Juan Luis.

Lena yau dijo...

Yo estuve en Lekeitio...

(ya te conté verdad?...te conté también que morí del frío y que me comí el salpicón de mariscos más extraño que me he comido en mi vida? estaba muy rico pero era muy raro....)

Un besito más...

Glo dijo...

Hola, lena:

Sí que me contaste lo del salpicón de mariscos.

Esto de comer fuera de casa es una aventura. Cuando me pongo a buscar restaurante, me dejo llevar por la intuición. Porque es inútil todo consejo, toda referencia y toda guía: se come bien donde, en ese momento, trabaje un buen cocinero.

:)