
Podemos darnos con un canto en los dientes porque hoy hemos podido disfrutar un poco del cielo.

Sobre la lechosidad azulada que nos oculta el abismo, se recortaban las ramas desnudas

y las ramas a punto de desnudarse, de los avellanos turcos (Corylus colurna).

Incluso salió un sol que este edificio industrial parece reflejar con asombro.
Deusto estaba animado, con su ambiente campechano de siempre. Apenas me asomé a la ría, cuyo cauce señalaban los blanquísimos mástiles sin velas de un barco belga atracado junto al museo marítimo.
5 comentarios:
Qué lindo es un edificio asombrado!
Venir a verte siempre me relaja!
Me voy con :) sonrisa enorme!
... y con este fuerte abrazo.
Algún día me daré un garbeo por Deusto...
Deusto ya no tiene tomates, pero queda su ribera ancha y larga, buena para pasear.
Un gran abrazo, Mertxe.
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