5.12.08

LA COLINA



Bodegón de Giorgio Morandi.

"¿No me has visto nunca, Platero, echado en la colina romántico y clásico a un tiempo?

...Pasan los toros, los perros, los cuervos, y no me muevo, ni siquiera miro. Llega la noche y sólo me voy cuando la sombra me quita. No sé cuándo me vi allí por vez primera y aún dudo si estuve nunca. Ya sabes qué colina digo; la colina roja aquella que se levanta, como un torso de hombre y de mujer, sobre la viña vieja de Cobano.

En ella he leído cuanto he leído y he pensado todos mis pensamientos. En todos los museos vi este cuadro mío, pintado por mí mismo: yo, de negro, echado en la arena, de espaldas a mí, digo a ti, o a quien mirara, con mi idea libre entre mis ojos y el poniente.

Me llaman, a ver si voy ya a comer o a dormir, desde la casa de la Piña. Creo que voy, pero no sé si me quedo allí. Y yo estoy cierto, Platero, de que ahora no estoy aquí, contigo, ni nunca en donde esté, ni en la tumba, ya muerto; sino en la colina roja, clásica a un tiempo y romántica, mirando, con un libro en la mano, ponerse el sol sobre el río..."

Capítulo de "Platero y yo".

Juan Ramón Jiménez.

10 comentarios:

Nómada planetario dijo...

Buen sitio para quedarse, la colina roja con el libro...
Saludos.

JL. Seisdedos dijo...

Capítulo enigmático del inmenso "Platero y yo". ¿La soledad, el artista subido en su colina, la eterna duda clásico/romántico? Dificil glosa la de este texto.
Un abrazo.

Mertxe dijo...

Bellísimo capítulo que, como muy bien dice Juan Luis, te deja en la difícil tesitura de opinar sobre su estado de ánimo. Pero, de todas formas, Juan Ramón era eso... difícil por enigmático y por claro.

Me llaman, a ver si voy ya a hacer la comida o qué...

Buenos días, Glo.

Glo dijo...

Este capítulo es mi preferido de todo la obra. Le sigue, muy de cerca

ELLA Y NOSOTROS

"Platero, acaso ella se iba —¿adónde?— en aquel tren negro y soleado que, por la vía alta, cortándose sobre los nubarrones blancos, huía hacia el Norte.

Yo estaba abajo, contigo, en el trigo amarillo y ondeante, goteado todo de sangre de amapolas, a las que ya julio ponía la coronita de ceniza. Y las nubecillas de vapor celeste ¿te acuerdas? entristecían un momento el sol y las flores, rodando vanamente hacia la nada...

¡Breve cabeza rubia, velada de negro!... Era como el retrato de la ilusión en el marco fugaz de la ventanilla.

Tal vez ella pensara: ¿Quiénes serán ese hombre enlutado y ese burrillo de plata?

¡Quiénes habíamos de ser! Nosotros... ¿Verdad, Platero?"

Un enorme abrazo a todos.

JL. Seisdedos dijo...

Qué delicada y precisa la prosa de este hombre. Hay tantos capítulos excelsos en este libro...

Lena yau dijo...

Lindo bodegón para acompañar a Juan Ramón Jimenez...

Un regalo a los ojos, Glo!

Mertxe dijo...

Qué agradable, Glo... Te diría no pares pero creo que no hace falta, sé que volverás, volveremos, al trotar de 'Platero'.

Buenos días, buen lunes.

Glo dijo...

Morandi, como Juan Ramón, vuelve una y otra vez sobre el mismo bodegón.

Pero es curioso que, siendo Moguer un municipio costero, Juan Ramón en ningún momento se acerque al mar...

Mertxe dijo...

Tal vez la clave esté aquí:

"Buenas tardes, Moguer mío, monte y valle, mar lejano..."

Mar lejano. A propósito, ¿sabes que mientras se moría gritaba: 'madre' y 'Moguer'?

Ay, Glo, qué café más agradable el de esta tarde.

Glo dijo...

Un fuerte abrazo, Mertxe.