2016/03/11

LAS MULAS DE LARNACA





TRES MULAS

Y cabalgó la reina en la mula prodigiosa de
su marido, el rey Pierre, de nombre Margarita,
y montaba a mujeriegas en la mula prodigiosa
y mandó a su escudero, de nombre Putsurello,
que tuviera él los estribos y, cuando se lo ordenara, 
le moviera la pierna para sentarse a la jineta...

Crónica de Majerás.

En Damasco, una noche desvelado
se me apareció el paso de Ummul Haram,
de la estirpe venerable del Profeta.
Como dinares de plata oía yo las herraduras
y ella, a lomos de su mula parecía cruzar
las colinas de sal hacia Larnaca.
Aguardé apostado en el húmedo ramaje
mientras el fruto mordía del arrayán,
punzaba mis ojos una blancura
quizá de sal, quizá de su fantasma. Y entonces,
un susurro en los arbustos:
"Aquí fue
donde mi bestia se escurrió. Esta piedra
me quebró el resplandeciente cuello
y entregué mi alma triunfante.
De voluntad divina iba yo llena;
no resiste una mula carga así;
no lo olvides y no por ello la reprendas".

Así habló y desapareció. Sin embargo, aún hoy
su mula pace de continuo en mi recuerdo,
como también aquella otra cuyo corazón se detuvo
cuando la descargaron de los dos ataúdes
de los dos hermanos a traición degollados
allí por el verdugo de Bufavento.

Mas, ¿cómo hablar de tan famosa mula? En el lugar
donde cuantos vivían al pie de los castillos
olvidados están como tierra de otro tiempo,
ella sigue volando en alas de la fama:
la ilustre acémila de la reina Leonora.
Los estribos de oro en sus ijares,
sus carnes insaciables en la silla,
aquellos pechos trémulos en su trote,
llenos, como granadas, de muerte.
Y cuando napolitanos, genoveses y lombardos
trajeron a la real mesa
en bandeja de plata, ensangrentada
del rey asesinado la camisa
y se desembarazaron del desdichado Juan,
presumo que relincharía aquella noche,
al margen de la indiferencia de su especie,
igual que aúlla el perro,
enjaezada, con gualdrapas de oro, en el establo,
la mula Margarita.


Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña

2 comentarios:

Glo dijo...

He leído muchas veces este poema. Me gusta su forma, pero para ser sincero, no llego a su contenido. Séferis se quejaba de que nadie entendía lo que escribía pero, por aquellas partes que sí entiendo, deduzco que el contenido del resto es igual de sencillo. El problema es que a los lectores nos faltan conocimientos históricos y literarios: el de Seferis es el idioma de la erudición.

Glo dijo...

Blanca sostiene que la celebración de la memoria de la mula es asunto popular.