En
esta entrada publiqué mi interés por la figura de Carlos de Austria, último emperador del imperio austro-húngaro, en proceso de santificación. En la de hoy me despido temporalmente del empeño, abrumado por las flores, los mármoles, los devotos, las visitas de familiares ávidos. De la santificación de Carlos a la santificación del imperio hay un tentador paso del que no deseo ser testigo.
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