La dehesa tiene sus panegiristas que han hecho de ella un feliz paraclímax. En cambio, las huertas urbanas carecen aún de un discurso serio que muestre su valor medioambiental (aunque algunos políticos han empezado a verle alguna rentabilidad electoral). Es de suponer que se trata de un problema de índole economica: las huertas urbanas no están llevadas por el poder, y afectan a suelo potencialmente rentable.
Hay un contraste formidable entre el último hardín botánico construido en mi entorno y las huertas urbanas:
- El primero es un compendio estéril de exotismos comunes, que proporciona algunos puestos de trabajo privilegiado (funcionarios) y algunos puestos de trabajo precario (aquel que para realizarse obliga a cubrirse el cuerpo entero con un mono y mascarilla, y que es llevado a cabo por subcontratas).
- Las segundas permiten la pervivencia de especies espontáneas por el mero hecho de que los setos linderos y las partes comunes (de tránsito), no están administradas más allá de un desbroce que garantice la accesibilidad y evite el excesivo sombreado de las zonas cultivadas. Socialmente cumplen funciones de entretenimiento, y apoyo a la salubridad de la alimentación y la economía familiar.
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