Observarnos a nosotros mismos en las fotografías tomadas por otros nos sorprende; mirar una estancia en el espejo hace que no sepamos movernos por ella, y no podemos reconocer a las personas cabeza abajo. En geografía, un ejercicio como este es saludable porque puede devolvernos la ingenuidad de la percepción; librarnos de cargas ajenas a la naturaleza propia de las cosas.
En esta imagen se aprecia claramente que el valle del río Guadalquivir o el del río Garona son rellenos de derrubios.
También nos permite apreciar la posición claramente excéntrica de los Pirineos por lo que respecta a la península ibérica.

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