28.3.26

EL CARIZ DE LA NADA

El cielo nocturno puede ser una de las primeras evidencias de la nada en la vida de una persona. Pero es un acontecimiento discreto, nada evidente, que, a lo sumo, se envuelve en la cultura del paisaje. Dimensiones colosales que resultan incomprensibles, que no dan una sensación de vacío, ni de frialdad. Una negrura que no cuestiona el sentido de nuestros pequeños asuntos y nuestras pequeñas cosas porque es algo estático: un decorado indiferente. Además, la refracción de la luz al entrar en la atmósfera nos proporciona la verdadera sensación de bóveda equidistante, que anula la realidad de la profundidad de lo que vemos. Ni siquiera cuando sabemos lo que vemos lo percibimos en sus verdaderos atributos. No alcanzamos su realidad. No adquiere ningún significado. No es una realidad reveladora.

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