No debe entenderse mal este título: Stalker es poesía, pero con la mierda como realidad de partida. La mierda de una industrialización en completa decadencia. Como la actual, pero sin maquillaje ambientalista ni democrático.
Pinchando en el fotograma de uno de los protagonistas en una naturaleza degradada y contaminada (que le costaría la vida), se accede a una versión con el audio original ruso y subtítulos en castellano.
Para mí Stalker es una visita a la Margen Izquierda de mi infancia, que se desarrolló en una realidad física idéntica y en un entorno social marcado por las violencias del alcohol y la heroína. Mis exploraciones infantiles en canteras, vertereros, industrias, ciénagas, solares abandonados... fueron inciertas y temerosas como las del stalker y sus acompañantes.

















































