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7.4.17

EL AGUJERO EN LA CABEZA DE HITCHCOCK


Desde hace muchos años venía preguntándome por qué Hitchcock eligió Bahía Bodega para su película Los pájaros. Las críticas, tradicionalmente, interpretan el ataque de los animales como una reacción a los abusos que los seres humanos cometemos contra la naturaleza, pero no mencionan nada que lo relacione concretamente con este solitario paraje de extraña belleza.

Hoy volví de nuevo a dar un paseo virtual por Bahía Bodega y, por casualidad, di con la clave. Está ahí, en la página que las autoridades locales dedican a glosar su breve historia: el Agujero en la cabeza (Hole in the Head), o El gran agujero (The Big Hole).

Aún a riesgo de ser invitado a hacer las maletas, Hitchcok se compromete llamando la atención del público sobre un problema escabroso, aunque sin mencionarlo explícitamente (de parecida manera a Rohmer en Cuento de otoño para con la central nucelar de Tricastin): en el extremo de la península que protege Bahía Bodega del salvaje oleaje del océano Pacífico, se está construyendo una central nuclear.

Cuando la película es estrenada, se había completado solamente la excavación de un gran agujero cilíndrico:


El proyecto no llegaría a completarse: un año más tarde del estreno de la película, en 1964, su construcción fue abandonada. De todo ello no queda más que la excavación inundada por el agua del mar, y una valla en su derredor con una garita de vigilancia.

Ahora ya sabemos por qué el ataque de los pájaros comienza, precisamente, en Bahía Bodega.


La lluvia que se ve al sur (izquierda) de la casa de Mitch cae sobre la central nuclear (en un futuro inmediato a 1963). Quizá fuera una metáfora de la radiactividad, y los pájaros, un nuevo Godzilla (monstruo radiactivo) más creíble.

12.4.11

BAHÍA BODEGA



Ayer "estuve" en Bahía Bodega gracias a la cámara móvil de Google.



El lugar no parece haber cambiado mucho desde los años sesenta: ha crecido un poco; se han modificado los muelles; en la península, al otro lado de la bahía, se ha creado un nuevo embarcadero (que de hecho parece haberse convertido en el verdadero puerto de Bahía Bodega), y una universidad para el estudio del mar, y se han dragado varios canales en la arena del fondo. Pero el lugar sigue siendo un tanto anodino. Quizá por faltar espacios públicos. Se echa en falta al menos uno, en la orilla, que sirva de referencia y de marco del paisaje.



Allí siguen también los cipreses de Monterrey (Cupressus Macrocarpa), de copa desordenada (como despeinada) bien adaptados al viento marino y al suelo arenoso, lo que de hecho los convierte en uno de los pocos árboles que pueden verse en ese extraño paisaje, tapizado de hierba pero carente por completo de arbustos o árboles. El ciprés de Monterrey se utiliza bastante en jardinería; sobre todo las variedades de hoja amarillenta, como "goldcrest", que junto al verde glauco del ciprés de Arizona (Cupressus arizónica), vinieron a dar un poco de variedad a la monotonía verdeoscura de los setos.

En realidad la bahía de Monterrey se encuentra más al sur, aunque probablemente pueda considerarse la misma geografía. De allí procede también el pino insigne o pino de Monterrey (Pinus insignis o Pinus radiata), que Adán de Yarza se trajo desde California a su Lekeitio natal, y cuyos bosques cubren hoy gran parte del suelo de Vizcaya.