Se ha puesto a llover.
Las nubes cubren el cielo y dejan pasar una luz suave, como de cuarto de estar luminoso de casa grande.
Por el aire fresco y en calma, que hoy no huele a mar, llega el canto de un pájaro que sólo recordaba de paseos por el campo.
No se parece esta siesta veraniega a otras sobre las que haya leído.
Es una siesta huérfana de poetas.