Resulta chocante la insistencia por remarcar el origen judío de las personas, mientras se hace omisión del resto de religiones y etnias. Además, por culpa del abuso de la fórmula "de origen judío", no sabemos si las personas practican esa religión o no, así como tampoco si siguen o no vinculadas a algún aspecto de la cultura judía.
El "de origen judío", evoca una nebulosa de sobreentendidos, de la que soy partidario de zafarse.