
Así, ayer, mientras la vertiente norte de la cuenca del Nervión se calcinaba al poniente,

en la mergen izquierda palpábamos en las tinieblas, buscando vestigios del sol en los campanarios,

en los tejados,


en las copas de los arces,

en las fachadas de las fábricas,

en el extremo de las farolas,

o en los balcones más altos de las casas, en los que se incendia la miel de la madera de Guinea...

Y nos encaminamos a esa luz como polillas a la de una farola.