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9.1.19

HITLER Y SILA

Junto a la puerta de mi casa de verano tenían atada una perrita perdiguera de Burgos a la que llamaban Sila. Hasta hace poco no pensé que quizá le pusieron el nombre por el dictador romano del mismo nombre, si bien me estrañó el cambio de género. Pero quien recientemente me puso sobre la pista del romano fue John Schlesinger con su película Marathon man, en la que los participantes de una red de contrabando de diamantes, dirigida por un antiguo nazi, usaban, entre otros seudónimos, el de Sila. Así que el personaje ha estado montándose en mi cabeza desde hace mucho tiempo. Estos días me entretuve leyendo el artículo correspondiente a este hombre en Wikipedia, y no me extrañó nada que los nazis lo tomaran como referencia, ya que la historia de la Roma clásica en aquellos tiempos era una sucesión de gobiernos a cada cual más sangriento. Comprendí entonces algo que había leído pero no comprendido bien en su momento: el que la Iglesia Católica indicara que el nazismo fue una vuelta al paganismo. Y entonces me acordé de haber deducido de las ruinas de Artemisa Brauronia, que los griegos actuales conservan un fondo de panteísmo, de la misma manera que los rusos del período comunista seguían practicando el cristianismo ortodoxo en privado, o de la misma manera que la magia está siempre presente en tantos productos británicos, Harry Potter incluido. Así la sociedad alemana conserva un fondo anterior al cristianismo, del que brotó, con especial fuerza, la figura de Hitler. Y considero, también, en qué medida eso toca mi propia cultura hispana, sin que me cueste encontrar el estoicismo senequista (de Séneca), que acertó a poner en claro María Zambrano en el ensayo, de título tan adecuado en estas líneas, El pensamiento vivo de Séneca.

23.2.14

EL SÉNECA DE MARÍA ZAMBRANO

"... En su ensayo, El pensamiento vivo de Séneca, la filósofa le dedica páginas conmovedoras y brillantes. Reivindica la actualidad de Séneca desde la época convulsa que le tocó vivir a ella y porque al filósofo le tocaron también tiempos difíciles. Pero ¿cuáles no lo son? Desde la ansiedad de nuestros días quizá sea necesario volver a las páginas de Séneca en busca de consuelo. Zambrano promete que no nos defraudará porque la razón de este sabio no es una razón clara, luminosa, perfecta como la de Platón o Aristóteles, es una razón manchada y mezclada con la vida y como la vida, también contradictoria. Ella hablaba de que sentimos al tratar con Séneca “no sé qué cosa de suave y acallador. Porque no vemos con él una razón pura, sino una razón dulcificada. Porque no es enteramente un filósofo sino un meditador sin sistema, sin demasiada lógica; porque el pensamiento que de él mana no es coactivo; y tiene algo de musical. Son acordes que acallan, aduermen y suavizan, al revés de esas otras filosofías que nos obligan a estar horrorosamente despiertos. Vemos en él a un médico y más que a un médico a un curandero de la filosofía que sin ceñirse estrictamente a un sistema, burlándose un poco del rigor del pensamiento (…) nos trae el remedio. Un remedio menos riguroso que, más que curar, pretende aliviar; más que despertarnos, consolarnos”.
 
Por si fuera poco la promesa de bálsamo, Zambrano habla de la cercanía casi física con que sentimos a Séneca, de la españolidad –ahora que el término, a fuerza de emplearse para otros menesteres, parece existir– del sabio cordobés, de ese pesimismo integral que él inventa tan solo para buscar un resquicio de esperanza, ese ponerse en lo peor (tan español) para intentar sacar la cabeza lo más airosa posible aun dentro del naufragio, un “pesimismo estratégico –Zambrano lo define como nadie– ya que poniéndonos en lo peor, cuando llegue ya no será lo peor, pues nos cogerá prevenidos”. Zambrano habla conmovida de Séneca y logra conmovernos porque habla como de un padre, de un tutor, de un amigo solícito y dispuesto. ¿Cómo resistirse a las palabras, las recomendaciones, de una hija, de una alumna, de una amiga impresionada? “Séneca vuelve sencillamente porque le hemos buscado y no por la genialidad de su pensamiento, ni por nada que tenga que ofrecer al audaz conocimiento de hoy. Vuelve porque le hemos descubierto como en un palimsesto debajo de nuestra angustia, vivo y entero bajo el olvido y el desdén”. Gracias a Zambrano lo desempolvamos..."

Encontrado aquí.