Ambos aquejados de la misma "dolencia". En el caso de Melendi se puede hacer pública, pero no en el del rey, pues la censura, en pleno florecimiento, lo impide.
Con un poco de mala suerte, el primero será absuelto por un (o una) juez, que se sentirá "identificado" con su "problema" (pues también utilizará la violencia con su cónyuge y sus hijos cuando llegue a casa) y le tratará con la misma indulgencia que querría para sí. El resultado será que la compañía aérea (o peor aún, todos nosotros), tendremos que comernos con patatas los gastos originados por la juerga del chaval.
El segundo caso es mucho más grave. Su majestad, "afectado" y rojo como un tomate, se puso también pendenciero, en lugar de dejar que el bocazas de Chávez se pusiera en ridículo él solo. Y también en este caso, los platos rotos terminaremos pagándolos todos.