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22.7.25

PERFIL

 Mismos lugar y momento.



24.10.20

UN PROYECTO DE RESTAURACIÓN: PLAYA DE LA ARENA, VIZCAYA

El proyecto que traigo aquí tuvo por objeto una intervención integral en la playa de La Arena, correspondiente a los municipios de Muskiz y Ciérvana, en Vizcaya. Incluyó la demolición de: cinco enormes depósitos de una refinería de petróleo, junto con los pavimentos e instalaciones en su derredor; un importante edificio de hormigón armado, que había albergado un restaurante; y una estructura de hormigón armado, que servía de plataforma y escalinata de acceso a la playa. Junto con ello se retiraron las plantas exóticas (Carpobrutus edulis, Arundo donax, y Pittosporum tobira, principalmente), se limpió el terreno de hidrocarburos, y se hizo una plantación de especies autóctonas.

Incluyo un reportaje fotográfico que no pretende ser exhaustivo. Después de los años transcurridos, los árboles y arbustos plantados han prosperado mal, aunque no han muerto (los árboles forman matas, pero no ejemplares altos), y la mayor parte de la superficie se ha cubierto de una especie común espontánea (Senecio jacobaea), apareciendo ya algunos sauces pioneros Salix atrocinerea. Lo único que había y que se se ha mantenido son tamarindos (Tamarix). Me pregunto si esta es la evolución o el resultado que se esperaba.



 Mirando hacia el noroeste:


Mirando hacia el norte:

 


Mirando hacie el sur. El viaducto es el límite. Más allá, la refinería de petróleo. Se aprecia a la izquierda la zona de rellenos, y a la derecha, la zona que se anega de agua salobre:


Mirando hacia el oeste:

 

La vegetación marismeña quizá sea la que mejor colonice los nuevos terrenos que se le han dedicado, pero el resto tiene un aspecto extraño.

Estas son las plantas que supongo se incluyeron en la restauración, y que no presentan un estado muy lozano ¿Estas son especies autóctonas adecuadas o simplemente las que había disponibles en el mercado?:

Viburnum tinus:


Hedera helix:


 Acer campestre:


Acer pseudoplatanus, parece:

Y aquí el Senecio jacobaea, aunque en realidad todo ha quedado cubierto por él, con Salix atrocinerea al fondo:


...

En las inmediaciones, ya fuera del límite de la intervención, aparecen las especies que existían anteriormente:

El tamarindo (Tamarix), me parece la más interesante:




 
Y las ornamentales mejor adaptadas fueron, Pittosporum tobira, que resultó nada invasivo y muy resistente a las duras condiciones de la playa:

 
Y Euonymus japonicus, con un comportamiento similar, muy bien adaptado y nada invasivo:
 

 

 

25.4.14

EUONYMUS JAPONICUS, O EVÓNIMO JAPONÉS


En Ciérvana encontré este otro clásico de la jardinería: el Euonymus japonicus, o evónimo japonés. Es utilizado para formar setos de mediano tamaño que no hay que cuidar mucho (yo podo uno regularmente).



Las hojas son de un verde claro muy atractivo. Sus flores son discretas y sin aroma, y sus frutos, rojos y pequeños, no sirven para comer.



MYOPORUM LAETUM


De camino a la playa pasé por el puerto de Ciérvana, donde se encuentra este seto de Myoporum laetum, planta que no sé que tenga nombre común. Otra especie que se planta mucho junto al mar.



En este gran arbusto lo más apreciado son sus hojas brillantes de color verde claro, que crecen tiesas, dispuestas de manera que la planta parece muy viva. 

Sus flores son pequeñas y no tienen aroma. Y sus frutos, que yo sepa, no son comestibles.


24.4.14

PITTOSPORUM TOBIRA O PITÓSPORO


Mi viaje botánico continuó hasta la playa de La Arena, en Ciérvana, donde se encuentra este estupendo seto de Pittosporum tobira. Tras tantos años expuesto al noroeste furioso y a los rociones de agua salada, bien puede concluirse que esta planta gusta de la proximidad del mar.



Fue introducido por sus brillantes hojas perennes, peculiarmente compuestas, y por sus flores, cuyo aroma recuerda el azahar.


10.5.08

CIÉRVANA EN LA LLUVIA

Salí de casa con un optimismo infundado, pues aunque no llovía en ese momento, sí que estaba muy encapotado. Ni paraguas, ni chubasquero; sólo el teléfono, las gafas y la cámara, recogidas en una chaquetilla de entretiempo de tela.



El autobús tardó mucho en llegar, como siempre, aunque lo peor fueron las quejas al respecto, a voz en grito, de un grupo de amiguetes que iban de comilona. Por lo oído de ellos, les clasificaría de cuarentones, chiquiteros, futboleros, homófobos y vocingleros.



Al llegar comenzó a caer chirimiri, y ya no paró. Todo viviendas unifamilares, en su mayor parte autoconstruidas. Ni un solo alero bajo el que refugiarse.



Más fuerte o más suavemente, continuó lloviendo todo el tiempo que permanecí allí.



Por suerte, había un barecito del ayuntamiento en el que se podía tomar un café, a cambio de 1,1 € y de tener que escuchar la televisión a todo volumen.



Encontré un móvil en la acera e inmediatamente imaginé varias cosas sin fundamento sobre su propietario: que era una mujer, y que había venido a ver a un anciano... Repasé todas las posibilidades que tenía respecto de aquel aparato, y finalmente opté por devolverlo.



Llamé al primer número de la lista y expliqué lo que pasaba. Al poco rato recibí una llamada en la que una voz femenina me explicó que había perdido el teléfono yendo de visita a una residencia y que, por favor, lo dejara en la farmacia del pueblo.

Por suerte, durante el trayecto de vuelta el silencio reinó entre los pasajeros.