Mismos lugar y momento.
22.7.25
24.10.20
UN PROYECTO DE RESTAURACIÓN: PLAYA DE LA ARENA, VIZCAYA
Incluyo un reportaje fotográfico que no pretende ser exhaustivo. Después de los años transcurridos, los árboles y arbustos plantados han prosperado mal, aunque no han muerto (los árboles forman matas, pero no ejemplares altos), y la mayor parte de la superficie se ha cubierto de una especie común espontánea (Senecio jacobaea), apareciendo ya algunos sauces pioneros Salix atrocinerea. Lo único que había y que se se ha mantenido son tamarindos (Tamarix). Me pregunto si esta es la evolución o el resultado que se esperaba.
Mirando hacia el noroeste:
Mirando hacia el norte:
Mirando hacie el sur. El viaducto es el límite. Más allá, la refinería de petróleo. Se aprecia a la izquierda la zona de rellenos, y a la derecha, la zona que se anega de agua salobre:
Mirando hacia el oeste:
La vegetación marismeña quizá sea la que mejor colonice los nuevos
terrenos que se le han dedicado, pero el resto tiene un aspecto extraño.
Estas son las plantas que supongo se incluyeron en la restauración, y
que no presentan un estado muy lozano ¿Estas son especies autóctonas
adecuadas o simplemente las que había disponibles en el mercado?:
Viburnum tinus:
Hedera helix:
Acer campestre:
Acer pseudoplatanus, parece:
Y aquí el Senecio jacobaea, aunque en realidad todo ha quedado cubierto por él, con Salix atrocinerea al fondo:
...
En las inmediaciones, ya fuera del límite de la intervención, aparecen las especies que existían anteriormente:
El tamarindo (Tamarix), me parece la más interesante:
Y las ornamentales mejor adaptadas fueron, Pittosporum tobira, que resultó nada invasivo y muy resistente a las duras condiciones de la playa:
25.4.14
EUONYMUS JAPONICUS, O EVÓNIMO JAPONÉS
Las hojas son de un verde claro muy atractivo. Sus flores son discretas y sin aroma, y sus frutos, rojos y pequeños, no sirven para comer.
MYOPORUM LAETUM
24.4.14
PITTOSPORUM TOBIRA O PITÓSPORO
10.5.08
CIÉRVANA EN LA LLUVIA

El autobús tardó mucho en llegar, como siempre, aunque lo peor fueron las quejas al respecto, a voz en grito, de un grupo de amiguetes que iban de comilona. Por lo oído de ellos, les clasificaría de cuarentones, chiquiteros, futboleros, homófobos y vocingleros.

Al llegar comenzó a caer chirimiri, y ya no paró. Todo viviendas unifamilares, en su mayor parte autoconstruidas. Ni un solo alero bajo el que refugiarse.

Más fuerte o más suavemente, continuó lloviendo todo el tiempo que permanecí allí.

Por suerte, había un barecito del ayuntamiento en el que se podía tomar un café, a cambio de 1,1 € y de tener que escuchar la televisión a todo volumen.

Encontré un móvil en la acera e inmediatamente imaginé varias cosas sin fundamento sobre su propietario: que era una mujer, y que había venido a ver a un anciano... Repasé todas las posibilidades que tenía respecto de aquel aparato, y finalmente opté por devolverlo.

Llamé al primer número de la lista y expliqué lo que pasaba. Al poco rato recibí una llamada en la que una voz femenina me explicó que había perdido el teléfono yendo de visita a una residencia y que, por favor, lo dejara en la farmacia del pueblo.
Por suerte, durante el trayecto de vuelta el silencio reinó entre los pasajeros.
















