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18.1.14

V, DE CANTO DE AMOR, DE SEFERIS



















IV, DE CANTO DE AMOR, DE SEFERIS





























16.1.14

III, DE CANTO DE AMOR, DE SEFERIS

III

¡Oscuro temblor en la raíz y en las hojas!
Surge, cuerpo vigilante, de la masa del silencio,
alza tu cabeza del hueco refugio de tus manos
cúmplase tu voluntad y repíteme las palabras

sugerentes que se fundían con la sangre en un abrazo
y ojalá profundo se meciera tu deseo como sombra de nogal
y en la lujuria de tus cabellos nos inunde
con el terciopelo del beso en el fondo del corazón.

Entornabas los ojos con aquella sonrisa
que historiaban con humildad viejos pintores.
Lectura olvidada de un viejo evangelio,
tus palabras y voz ligera suspiraban:

-El transcurso del tiempo es silencioso y remoto
y boga suavemente el dolor en mi alma
apunta en el cielo la aurora, el sueño no acaba de borrarse
y transcurren casi arbustos perfumados en flor.

La mirada medrosa, el cuerpo arrebolado,
palomas que despiertan y descienden en bandada
El torbellino de alas me aprisiona a ras de suelo
una caricia humana de estrellas en mi regazo.

Cual caracola fundida con mi oído rumorea
el adverso y lejano lamento inextricable del mundo.
Son instantes que se extinguen: mientras prevalece,
desdoblada la ilusión de mi deseo y sólo ella.

Creí despertar desnuda en un vago recuerdo
cuando llegaste familiar y extraño, amigo querido,
a ofrecerme reclinándote una libertad sin límite
que iba yo persiguiendo en el sistro impetuoso del viento...-

Se atenuó el rasgón crepuscular hasta perderse
era ilusorio mendigar los favores del cielo.
Tus ojos se entornaban. La zarza de la luna
germinó y las sombras del monte te espantaron.

... Cómo se diluye nuestro amor en el espejo
en el sueño los ensueños, escuela del olvido
cómo amaina en los abismos del tiempo el corazón
y se pierde en el abrazo extraño que lo acuna...


15.1.14

II, DE CANTO DE AMOR, DE SEFERIS

II

Los secretos del mar se olvidan en la orilla
la noche del abismo se olvida entre la espuma.
Brillan de improviso los corales rojos del recuerdo...
No te inquietes... intenta escuchar lo sutil

de su partida... tú has tocado el árbol de las manzanas
extendido tu mano y el hilo te indica y traza el camino...
¡Oscuro temblor en la raíz y en las hojas!
¿Serás tú quien traiga la aurora ya olvidada?

Florecer de lirios en el campo del adiós
brotar de días en sazón, abrazo celestial
luciente reverbero de aquellos ojos
trazo de un alma pura como el canto de una flauta...

¿Sería la noche quien cerró los ojos? Queda un rescoldo
queda un zumbido sordo, de cuerda tras la flecha,
ceniza y vértigo en la oscuridad de la caleta
y un denso batir de alas encerrado en la sospecha.

Rosa del viento, sabías -sin saberlo nosotros-
el instante en que la ilusión tendía puentes
que dos destinos cruzaran con los dedos enlazados
para fundirse en una rasante luz inerte.


 

14.1.14

I, DE CANTO DE AMOR, DE SEFERIS

Hay un tipo de gentes sumamente ilusa
que, avergonzada de lo propio, con lo de fuera
se embelesa, yendo a la caza de vanidades con
irrealizables esperanzas.

Píndaro.

I

Buscabas, rosa del destino, la ocasión de herirnos
mas cedías como el secreto a punto de romperse
y la orden que aceptaste impartir era hermosa
y era tu sonrisa como una espada desnuda.

Tu aureola ascendente hacía revivir a la naturaleza
de tu espina partía el camino soñado
nuestro anhelo desnudo alboreaba por tenerte
el mundo era sencillo: un simple latido.