La casa de los parientes está caliente. Como para estar en taparrabos. Los niños van de un lado a otro, totalmente aburridos. Ven la tele, participan sin ganas en un juego familiar, y finalmente, lloran. Nunca me han gustado las tardes de los domingos de invierno en casa. No son tediosas: son el tedio mismo.
Me desazonaba ese anuncio, de la época aquella del "gastad, malditos, gastad", en el que un niño en pijama miraba desde su cuarto caliente cómo nevaba fuera. El ángel del Señor no expulsó del Paraíso a Adán y a Eva: se marcharon ellos, hastiados, buscando un poco de aire fresco.
Me desazonaba ese anuncio, de la época aquella del "gastad, malditos, gastad", en el que un niño en pijama miraba desde su cuarto caliente cómo nevaba fuera. El ángel del Señor no expulsó del Paraíso a Adán y a Eva: se marcharon ellos, hastiados, buscando un poco de aire fresco.