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21.2.24

AGUA ESCONDIDA, DE DULCE MARÍA LOYNAZ

AGUA ESCONDIDA
 
Agua escondida
Tú eres el agua oscura
que mana por dentro de la roca.
Tú eres el agua oscura y entrañable
que va corriendo bajo la tierra,
ignorada del sol,
de la sed de los que rastrean la tierra,
de los que ruedan por la tierra.
Tú eres agua virgen sin destino y sin nombre
geográfico; tú eres la frescura intocada,
el trémulo secreto de frescura, el júbilo secreto
de esta frescura mía que tú eres, de esta agua
honda que tú has sido siempre,
sin alcanzar a ser más nada que eso;
agua negra, sin nombre...
¡Y apretada, apretada contra mí!
 
Dulce María Loynaz
 
 Pinchando aquí se accede al registro sonoro de la lectura del poema por la autora.

26.10.22

POEMA CI, DE DULCE MARÍA LOYNAZ

Pinchando en la fotografía se accede al archivo sonoro de la lectura del poema por su autora.

30.5.16

UN POEMA ANTIGUO: CXXIV, DE DULCE MARÍA LOYNAZ


"Misa de Resurrección sobre la ballena en aguas de la islas Canarias", grabado anónimo del siglo XV encontrado aquí.



Poema CXXIV



Isla mía, ¡qué bella eres y qué dulce!... Tu cielo es un cielo vivo, todavía con un calor de ángel, con un envés de estrella.

Tu mar es el último refugio de los delfines antiguos y las sirenas desmaradas.

Vértebras de cobre tienen tus serranías, y mágicos crepúsculos se encienden bajo el fanal de tu aire.

Descanso de gaviotas y petreles, avemaría de navegantes, antena de América: hay en ti la ternura de cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas.

Sigues siendo la tierra más hermosa que ojos humanos contemplaron. Sigues siendo la novia de Colón, la benjamina bien amada, el Paraíso encontrado.

Eres, a un tiempo mismo, sencilla y altiva como Hatuey, ardiente y casta como Guarina.

Eres deleitosa como la fruta de tus árboles, como la palabra de tu Apóstol.

Hueles a pomarrosa y a jazmín, hueles a tierra limpia, a mar, a cielo.

Cuando te pintan en los mapas, a contraluz sobre ese azul intenso de litografía, pareces una fina iguana de oro, un manjuarí dormido a flor de agua...

Pero también pareces un arco entesado que un invisible sagitario blande en la sombra, apunta a nuestro corazón.

Isla grácil. Te visten las auroras y las lluvias; te abanica el terral; te bailan los solsticios de verano.

Como Diana, libre y diosa, no quieres más diadema que la luna, ni más escudo que el sol naciente con tu palma real.

La mala bestia no medró en tus predios, y jamás ha muerto en ti un solo pájaro de frío.

Idílicas abejas pueblan de miel la urdimbre de tus frondas; allí vibra el zunzún desprendido del iris, y destilan música viva los sinsontes.

Escarchada de sal y de luceros, te duermes, Isla niña, en la noche del Trópico. Te reclinas blandamente en la hamaca de tus olas.

Tienes la rosa de los vientos prendida a tu cintura; tus mayos están llenos de cocuyos, tus campos son de menta, y tus playas, de azúcar.

Varas de San José en trance de boda, tórnanse todos los gajos secos clavados en tu tierra taumatúrgica. Rocas de Moisés, todas tus piedras preñadas de surtidores.

Vela un arcángel escondido tras cada zarza tuya, y una escala de Jacob se tiende cada noche para el hombre que duerma en paz sobre tu suelo.

Otra escala sutil es para él, el humo rosa del tabaco que le alegra las siestas y le aroma de sueños el camino.

Para el hombre hay en ti, Isla clarísima, un regocijo de ser hombre, una razón, una íntima dignidad de serlo.

Tú eres por excelencia la muy cordial, la muy gentil. Tú te ofreces a todos aromática y graciosa como una taza de café; pero no te vendes a nadie.

Te desangras a veces como los pelícanos eucarísticos, pero nunca, como las sordas criaturas de las tinieblas, sorbiste sangre de otras criaturas.

Isla esbelta y juncal, yo te amaría aunque hubiera sido otra tierra mi tierra, pues también te aman los que bajaron del Septentrión brumoso, o del vergel mediterráneo, o del lejano país del loto.

Isla mía, Isla fragante, flor de islas: tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas.

Y guárdame la última, bajo un poco de arena soleada...¡A la orilla del golfo donde todos los años hacen su misterioso nido los ciclones!



Dulce María Loynaz

20.1.08

DULCE MARÍA LOYNAZ



http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras?portal=0&Ref=5241&audio=0

Transcribo su Poema XXI, perteneciente a la obra "Poemas sin nombre", a modo de ejercicio, para aprendérmelo y por si alguien no puede oirlo, por el motivo que sea:

"El guijarro es el guijarro y la estrella es la estrella,
pero cuando yo cojo el guijarro en mi mano,
y lo aprieto y lo arrojo y lo vuelvo a cojer,
cuando yo lo paso y repaso entre mis dedos,
la estrella es la estrella,
pero el guijarro es mío... y lo amo."