24.6.07

A PETICIÓN DEL RESPETABLE



A petición del respetable público, se incluye una tanda más de fotos de la huerta. Comenzamos, como es lógico, por una puerta.



Bidones.

En ellos se almacena el agua de lluvia, que complementa la del arroyo.



El columpio.

Con uno de los cerezos al fondo. Este año llovió demasiado y se perdió la cosecha.



El arroyo.

Si no se desbroza, "desaparece" devorado por la maleza.



Un prado.

En éste suelen pastar ovejas. Para los mayores tiene el interés de la manzanilla y la menta; para los niños tiene otros alicientes: lo bajan corriendo o rodando, y cría grillos. Pero en realidad la opinión más importante es la del "administrador" de la huerta, que es mi padre, y para él el prado es, ante todo, una fuente de helechos. Los helechos son aquí muy poderosos y no gustan a ningún herbívoro, así que como mala hierba que son, los propietarios agradecen que alguien los elimine. Mi padre los mezcla con el estiércol y por tanto hacen la función que en otros lugares hace la paja.



La "huerta de abajo".

Con berza gallega y vainas.



La matriarca.

Es la gata más vieja de las que tiene mi padre. Casi sin dientes, pero sigue imponiendo su autoridad sobre las demás. Los gatos son importantes, porque no aceptan la competencia de los roedores.



Berzas.

La tierra es arcillosa, y por tanto, difícil de trabajar.



Un limón casi maduro.

También hay un naranjo joven, que todavía no ha dado frutos.



Vainas.

El campo vizcaíno no es demasiado fértil, debido a que las lluvias se dan a destiempo: la primavera y el otoño, que son las épocas en las que las plantas necesitan más agua, suelen ser secos, mientras el invierno y el verano, cuando maduran los frutos, son húmedos y hay pocas horas de sol.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchísimas gracias, Gonzalo.
Y una vez más, la foto de las exuberantes vainas (en mi pueblo "habichuelos" para los mayores y judías verdes para el resto)demuestra la diferencia abismal que hay entre la España cantábrica y la del interior...aquí aún están muy pequeñas y suelen ser rastreras, igual que los tomates, ya que los frutos no corren el peligro de pudrirse.