
Por el camino se pasaba constantemente de una comunidad a otra: País Vasco, Navarra y La Rioja (puestos por orden de aparición, como en el teatro). Las carreteras eran estrechas y llenas de curvas, y cruzaban los pueblos por el centro. Observé que los vascos preferían pintar una mediana discontinua en sus tramos, mientras que los navarros pasaban de la mediana y haciendo un alarde de generosidad, dibujaban los dos límites laterales continuos; de los riojanos no diré que hacían, porque no me acuerdo...
La policía llama a estas zonas "puntos calientes", porque la gente aprovecha que la ertzaintza no tiene competencia fuera del País Vasco, y que la guardia civil no lo tiene fuera de La Rioja y Navarra, para hacer de las suyas...

Este bello y rotundo anexo fue lo que más me gustó del pueblo.
Elvillar se termina rápidamente, pero sus palacios y la iglesia de Santa María merecen una visita.

Y este olivo, merece una foto.
2 comentarios:
una foto y más de una: ese olivo es bellísimo. Tengo en mi terraza, algo abandonado ahora, uno que un vecino tiró a la calle no sé por qué...conmigo ha crecido muchísimo y aunque parezca mentira lo extraño, preferiría tenerlo en la casa actual...variedad alberquina...
En la huerta de mi padre planté algunos árboles que nacieron de semillas que había recogido: un olmo siberiano, ya muerto (son delicados a muchas enfermedades y poco longevos), una palmera datilera (que quizá dentro de cinco mil años pase del metro de altura) y un abedul del himalaya, que ya tiene sus buenos seis metros, y del que mi padre reniega, porque le asombra parte de su cultivo. Yo le he dicho que lo corte cuando quiera; que nació para morir, como nos pasa a todos, pero el caso es que ahí sigue...
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