3.8.07
LA ESMERALDA
Se cuenta que hubo un minero que se ganaba la vida buscando esmeraldas en un cuadrado de barro, junto a muchos otros como él. Una noche soñó que encontraba una del tamaño de un niño pequeño, que lo sacaba de la miseria. A la mañana siguiente, poseído de una fé absoluta en aquel sueño, se puso su camisa blanca y los pantalones de domingo, y ante el estupor de sus compañeros, vestidos ya de lodo, descendió por las trémulas escalas de madera hasta su parcela del infierno, hundió sus manos en la pasta húmeda por la lluvia y el sudor, y haciendo el último esfuerzo de su vida como minero, sacó una esmeralda de varios kilos que heló la sangre y petrificó el aliento a los que observaban en silencio. La más cuidada escenografía barroca, la más emotiva escena de película, habrían palidecido ante la imágen de aquel hombre vestido de blanco inmaculado, que portando una enorme piedra verde, salía para siempre de aquel abismo marrón en el que quedaban los que le seguían, en silencio, con la mirada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario