28.5.08

UNA MANERA DE LEER EL QUIJOTE



Estuve muchos años de patrona, en un piso luminoso y soleado del moderno Barañáin. Por la noche, durante la cena, solíamos tener un rato de tertulia. La señora era una soriana viuda, un tanto seca y algo sorda, a quien un dolor crónico traía muchas veces malhumorada. Una de aquellas veladas en las que debía encontrarse un poco mejor, me contó que en su casa, cuando era pequeña, su padre les leía El Quijote. Descubrí entonces que esa obra era más, si cabe, que lo escrito por Cervantes; que tenía una interesante faceta social.

Al volver de Navarra, probé a leer la obra, primero a solas, y después en familia. Sin duda que de la segunda manera la no pocas veces difícil lectura, ganaba con los comentarios de los que participábamos.

Tiempo después, en alguna recreación de la vida en tiempos de Cervantes que vi en televisión, me sorprendió una escena en la que alguien, que tenía la suerte de saber leer, entretenía a los demás con pasajes de El Quijote. Parece que el autor de la escena había tenido noticia, como yo, de la curiosa costumbre.

1 comentario:

Mertxe dijo...

A mí también me costó lo mío leerlo. Reconozco que su antigüedad era lo que frenaba mi decisión. Creía que iba a darme de morros contra un pestiño. Pero un día me decidí, plin, plan, plin, plan, total, un par de días, y, oye... ¡qué gozada! En el prólogo (Francisco Umbral) del ejemplar que conservo bien a la vista, hay una frase de Voltaire que glosa perfectamente esta novela: "Yo, como don Quijote, me invento pasiones sólo para ejercitarme".

Saluditos, Glo.