Así, a veces nuestra elección se basa en que su cultivo es "difícil". Esto nos ocurre en Europa con las orquídeas, con las fucsias o los helechos en las zonas secas del Mediterráneo, o con algunas especies mediterráneas en el norte de Europa. Para ellas se crearon los invernaderos en los lugares fríos, y los patios en los cálidos.
Otro motivo para cultivar una planta es que parezca exótica; que su presencia nos "transporte" a otros lugares o tiempos remotos. Este es el origen del cultivo de la mayor parte de las plantas de interior, cuyo aspecto nos da la sensación de encontrarnos en una selva ecuatorial. En este apartado se encontraría aquel jardín de "De repente, el último verano", en el que Hepburn alimentaba plantas carnívoras en un exótico jardín "prehistórico"... Las palmeras en general, los helechos gigantes, los ficus, y aquellas plantas que tengan grandes hojas, como las musas, son algunas de las que podemos incluir aquí.
Un tercer motivo es que la planta se encuentre en peligro de extinción, se creyese desaparecida o sea una especie cuya área de distribución sea muy pequeña. En este apartado podemos incluir el ginkgo, el pinsapo, el drago...
Los motivos "históricos" también pesan. Nadie se fijaría en un sencillo acanto, si no fuese porque el arte clásico griego lo tomó como inspiración para uno de sus órdenes. También el laurel pasaría desapercibido de no haberse coronado con ellos a los poetas y a los césares en la antigüedad...
Si la planta es producto de un cruce extraño (como la fatshedera, que es cruce de hiedra y un arbusto llamado fatsia, o el ciprés de Leyland, que es un cruce sintético de Cupressus y Chamaecyparis), o de un injerto o alteración genética (como las hojas rojizas, azuladas o amarillentas, o el porte columnar o péndulo), nuestro interés se multiplicará.
Y, finalmente, recuerdo que en un manual de jardinería británico leí: "... sorprenda a su vecino con este arbusto..." Otro motivo para cultivar una planta, distinto de sus cualidades propias.
8 comentarios:
jajajajajaja
el final...qué bueno, Glo...
Yo tengo razones para no cultivarlas:
haga lo que haga las mato...
lo siento, Glo...
tal vez esta confesión me cueste tu amistad...
jajajaja
Pero es verdad!
Creo que mato hasta a las artificiales...
No soy un dechado de virtudes y destrezas...No.
jaja
Besos
Yo comprendo tus razones y las respeto. No son motivo para romper nada... ni siquiera un tiesto.
Y no creas que mis relaciones con las plantas son buenas: tonteé con ellas; las tomé en serio; me dieron placer... y cuando creí que podía formalizar mi relación con ellas, todo se desvaneció...
Ahora mis libros cogen polvo en un rincón olvidado, y solamente tengo algunos tiestos con, a saber:
siete Phoenix dactilyfera faltas de espacio,
un pie de Cygocactus truncatus de flor rosa,
Cuatro plantones de Citrus aurantium con mala pinta,
una Schefflera arborícola desmelenada,
un discreto Chlorophytum comosum "Variegatum",
y varios Hyacinthus sp., que nunca dieron flores ni las darán...
jajaja!
En mi testo hay un girasol de plastico que compré en Las Ramblas...
(no me mates!)
jajajajajajaja
El plástico tiene la mórbida cualidad de cambiar de color con los rayos ultravioleta...
:)
Yo también alimento mi sodade con un pequeño baobab...
http://www.photoblog.com/chezvir/2008/05/05/baobabs.html
Los baobabs son bien evocadores...
A mí me 'sorprenden' todos los años, por mi cumpleaños. Suelen ser plantas descomunales, apabullantes. Es inútil que diga a mis amigos que todas se me mueren, que no tengo mano por culpa de que me va en los regadíos... Es inútil. Ellos siguen erre que erre regalándomelas y yo me las cargo en un par de meses, tres a lo sumo, lo tengo controlado.
Qué pena...
:)
Publicar un comentario