Hoy el pantano estaba envuelto de una niebla llorona y fría, que a ratos dejaba ver un tramo largo de la orilla; y como el horizonte quedaba oculto, daba la impresión de tratarse del borde de un mar en calma. Allí, bajo la llovizna, seguían las vacas, las iglesias y los pueblecitos del páramo. Todo parecía haber vuelto a lo que en otros lugares llamarían invierno.
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