Cuando llegué a Pamplona, me encontré con los olmos del paseo de los Fueros ya enfermos. Me recuerdo comprando, a su sombra irregular de gigantes heridos de muerte, mis primeras guías de jardinería en los puestos de la feria del libro. Todavía aguantaron unos años en los que el mal fue, poco a poco, resencando sus ramas, hasta dejar sólo troncos muertos que la intemperie fue desnudando de corteza, y que finalmente tuvieron que ser talados para evitar que su caída provocara accidentes.
Navarra y muchos otros lugares de la península, había disfrutado, desde siempre, de su sombra tupida, y era una especie arbórea importante. Su desaparición modificó el paisaje, no sólo rural, sino también urbano. También su madera, que había servido como material para la fabricación de muebles y para la escultura, dejó de explotarse, y de los últimos troncos se hicieron tallas que han quedado como memoria de su antiguo esplendor.
La grafiosis es una enfermedad extraña, en cuanto que requiere el concurso de dos agentes: un hongo (Ceratocystis ulmi), y un insecto (el barrenillo del olmo), que transporte el hongo. Fue una plaga devastadora que se extendió con rapidez por todo el planeta, y ante la que no sirvieron de gran cosa acciones profilácticas como la de quemar los ejemplares afectados. Los esfuerzos se concentraron entonces en salvar los supervivientes y su información genética. También se crearon híbridos que pudieran resultar resistentes a la enfermedad, utilizando normalmente el olmo de Siberia (Ulmus pumila) como uno de los progenitores, pero lo más habitual es que en las plantaciones nuevas se utilice directamente el olmo siberiano. Es una especie que tiene la ventaja de ser resistente a la grafiosis, pero resulta sensible a otras enfermedades y es de vida mucho más corta.
Si uno se da una vuelta por los alrededores de Pamplona, podrá ver todavía setos de olmo, que consiguen sobrevivir gracias a que la enfermedad ataca las plantas en verano, después de que hayan completado su ciclo vital. No llegan a convertirse en árboles adultos, pero al menos la especie no desaparece.
Navarra y muchos otros lugares de la península, había disfrutado, desde siempre, de su sombra tupida, y era una especie arbórea importante. Su desaparición modificó el paisaje, no sólo rural, sino también urbano. También su madera, que había servido como material para la fabricación de muebles y para la escultura, dejó de explotarse, y de los últimos troncos se hicieron tallas que han quedado como memoria de su antiguo esplendor.
La grafiosis es una enfermedad extraña, en cuanto que requiere el concurso de dos agentes: un hongo (Ceratocystis ulmi), y un insecto (el barrenillo del olmo), que transporte el hongo. Fue una plaga devastadora que se extendió con rapidez por todo el planeta, y ante la que no sirvieron de gran cosa acciones profilácticas como la de quemar los ejemplares afectados. Los esfuerzos se concentraron entonces en salvar los supervivientes y su información genética. También se crearon híbridos que pudieran resultar resistentes a la enfermedad, utilizando normalmente el olmo de Siberia (Ulmus pumila) como uno de los progenitores, pero lo más habitual es que en las plantaciones nuevas se utilice directamente el olmo siberiano. Es una especie que tiene la ventaja de ser resistente a la grafiosis, pero resulta sensible a otras enfermedades y es de vida mucho más corta.
Si uno se da una vuelta por los alrededores de Pamplona, podrá ver todavía setos de olmo, que consiguen sobrevivir gracias a que la enfermedad ataca las plantas en verano, después de que hayan completado su ciclo vital. No llegan a convertirse en árboles adultos, pero al menos la especie no desaparece.
4 comentarios:
Ojalá no lo haga nunca, los olmos son maravilosos.
Buenas noches, Glo, mañana vuelvo a leerte del todo. No quiero perderme nada en Las Horas y en Vizcayado.
Una maldición esta plaga, lo mismo que la del escarabajo picudo ese que azota las palmeras que tanto abundan por estas latitudes, si bien muchas son importadas.
Saludos.
Gracias por tu visita, Mertxe.
:)
Las plantas son sensibles a plagas, supongo que porque carecen de defensas. Todas las especies terminan por ser afectadas, tarde o temprano, por un hongo, un insecto, una bacteria, etc.
Publicar un comentario