
Fotomontaje de una escultura de Juanjo Novella, a orillas de la dársena de la Benedicta, en Sestao.
Siguiendo el ejemplo del autor de "las horas y los días", hoy me he apuntado a la biblioteca municipal de mi pueblo, donde, siguiendo una sugerencia de la autora de "entre las hojas", he buscado "un invierno en Mallorca", de Georges Sand... Era mucho pedir a un fondo tan pequeño, pero no me he desanimado y he traído a casa una antología de Miguel Herández, en la que he encontrado, nada más abrirla, un poema dedicado a la higuera:
Abiertos, dulces sexos femeninos,
o negros, o verdales:
mínimas botas de morados vinos,
cerrados: genitales
lo mismo que horas fúnebres e iguales.
o negros, o verdales:
mínimas botas de morados vinos,
cerrados: genitales
lo mismo que horas fúnebres e iguales.
Rumores de almidón y de camisa:
¡frenesí! de rumores
en hoja verderol, falda precisa,
justa de alrededores
para cubrir adánicos rubores.
¡frenesí! de rumores
en hoja verderol, falda precisa,
justa de alrededores
para cubrir adánicos rubores.
Tinta imborrable, savia y sangre amarga;
malicia antecedente,
que la carne morena torna torna y larga
con su blancor caliente,
bajo la protección de la serpiente.
malicia antecedente,
que la carne morena torna torna y larga
con su blancor caliente,
bajo la protección de la serpiente.
¡Oh meca! de lujurias y avisperos,
quid de las hinchazones.
¡Oh desembocadura! de los eros;
higuera de pasiones,
crótalos pares y pecados nones.
quid de las hinchazones.
¡Oh desembocadura! de los eros;
higuera de pasiones,
crótalos pares y pecados nones.
Al higo, por él mismo vulnerado
con renglón de blancura,
y orines de jarabe sobre el lado
de su mirada oscura,
voy, pero sin pasar de mi cintura.
con renglón de blancura,
y orines de jarabe sobre el lado
de su mirada oscura,
voy, pero sin pasar de mi cintura.
Blande y blandea el sol, ennegrecido,
el tumor inflamable.
El pájaro que siente aquí su nido,
su seno laborable,
se ahogará de deseo antes que hable.
el tumor inflamable.
El pájaro que siente aquí su nido,
su seno laborable,
se ahogará de deseo antes que hable.
Bajo la umbría bíblica me altero,
más tentado que el santo.
Soy tronco de mí mismo, mas no quiero,
ejemplar de amaranto,
lleno de humor, pero de amor no tanto.
más tentado que el santo.
Soy tronco de mí mismo, mas no quiero,
ejemplar de amaranto,
lleno de humor, pero de amor no tanto.
Aquí, sur fragoso tiene el viento
la corriente encendida;
la cigarra su justo monumento,
la avispa su manida.
¡Aquí vuelve a empezar!, eva, la vida.
la corriente encendida;
la cigarra su justo monumento,
la avispa su manida.
¡Aquí vuelve a empezar!, eva, la vida.
4 comentarios:
Pues está estupenda esta fotografía, qué fuerza tiene...
Leer a Hernández es santiguarse. ¿Cómo pudo un campesino, con tan escasas horas de colegio, adquirir los conocimientos que claramente se constatan en su obra? ¿Cómo pudo escribir, escribir así? Debió de ser un hombre todo vocación y perseverancia, un intelecto poderoso. A lo mejor la clave de su gigantismo está en estos últimos versos de 'Eterna sombra':
Soy una abierta ventana que escucha, | por donde ver tenebrosa la vida. | Pero hay un rayo de sol en la lucha | que siempre deja la sombra vencida.
Gracias, Glo, dobles, por haberte interesado en mi recomendaciones y por este regalo del oriolano.
Hola Glo,
No sé si es demasiado pedir :-), pero sería una buena idea que te hagas socio de las bibliotecas públicas de Bilbao. Hay muchas cosas... y el libro de G. Sand sí que está (acabo de mirarlo en el catálogo on-line):
http://194.30.95.17:9000/default.ashx
Hola, mertxe:
Sí, es verdad que tiene algo la imagen. Ese algo se lo da nuestra sutil y eficaz percepción de un horizonte... que no está.
Gracias a ti por tus palabras poéticas y sabias, que son siempre un aliento.
Hola, Gin:
El libro de Sand también está en la de Barakaldo. Muchas gracias.
:)
En Bilbao me pasó que acudí a la biblioteca de la Diputación y me dijeron que allí se podía leer, escuchar y ver, pero que no hacían préstamos...
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