
Callejeaba por la parte antigua de Laredo,

y me propuse llegar hasta el final de la calle Menéndez Pelayo.

La trama urbana termina allí abruptamente,

sin más solución de continuidad entre el monte y la calle que esta extraña construcción, dedicada a San Juan Bautista,

y esta boca de túnel.

Sentí curiosidad y entré...

y lo recorrí hasta el otro lado (la fuerte y constante corriente de aire, mantenía las puertas bien cerradas).

El túnel desemboca en una pequeña explanada, casi a nivel de las olas, que se abre a una caleta

desabrigada y ventosa,

en la que el mar, espumoso y turbio por el temporal, removía los cantos,

produciendo ese sonido grave, como de público conversando, característico de las playas de piedras.
4 comentarios:
Excelente. Qué bien contado.
Gracias, Juan Luis.
Un abrazo.
'Como de público conversando'... Es exactamente la impresión que suelo tener cuando oigo este sonido, es una impresión que me acerca a tu comentario pero que nunca he sabido explicar.
Hermosas fotografías, soberbio acompañamiento textual.
Gracias, Mertxe.
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