
Hoy he descubierto las primeras flores de los ciruelos rojos: pequeñas, delicadas y en poco número, pues este clima no es favorable a esa especie. Su aparición coincide con el esplendor de la floración de las camelias.

El cielo se mostraba así de bello. Los velos de nubes sobre un azul poco habitual, el aire limpio y la luz me transportaron a momentos felices de mi infancia.

No dejaron de contagiarse de alegría ni los rincones a los que sólo llegaba indirectamente el sol primaveral.
4 comentarios:
Has cogido buena luz en estos mensajes icónicos, que dirían los jodicátedros que nos torturan.
Saludos de nubes invernales.
Gracias, nómada. Te mando un gran abrazo solidario.
Qué poder tienen los paisajes, Glo, de qué manera nos embargan los sentidos. Un color, un olor, el más ínfimo detalle nos devuelven a otros días mejores.
Buenas noches, amigo mío.
Para mí son muy importantes esos detalles. Por ejemplo, lo que más impresión me causa siempre del Mediterráneo es cómo huele el aire.
Un abrazo.
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