21.1.14

I, DE LEYENDA, DE SEFERIS

I

Tres años
aguardamos con ahínco al mensajero
escrutando de muy cerca
los pinos, la playa y las estrellas.
Fundidos con la reja del arado o la quilla del barco
buscábamos hallar la primordial simiente
para empezar de nuevo el viejo drama.

Volvimos a nuestras casas destrozados
con los miembros agotados y la boca arrasada
del sabor a herrumbre y a salitre.
Al despertar viajamos hacia el norte, forasteros
hundidos en la bruma por las inmaculadas alas
     de cisnes que nos herían.
Nos hacía enloquecer en las noches invernales el viento
     del este impetuoso
por el verano nos perdíamos en la agonía del día que
     no sabía cómo morir.

Llevábamos detrás
estos relieves de un arte humilde.


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