II
Un pozo más en una gruta.
En un tiempo nos era fácil sacar estatuas y adornos
para contento de amigos que aún nos eran fieles.
Las sogas se rompieron; sólo estrías en la boca del pozo
nos evocan la felicidad pasada:
los dedos en el brocal, como dijo el poeta.
Los dedos sienten un poco el frescor de la piedra
luego el calor del cuerpo la invade.
La gruta se juega el alma y la pierde
a cada instante, llena de silencio, sin una sola gota.
Yorgos Seferis/ Pedro Bádenas de la Peña
2 comentarios:
Triste destino el de un pozo agotado.
Saludos
Por aquí, donde el agua es una presencia a evitar, es difícil de comprender el sentido (de sentir) de la metáfora.
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