13.8.08

CALMA CHICHA

Nada más que el azul del mar hasta el pliegue del horizonte, desde donde vuelve convertido en cielo. Mi barco abajo y el sol arriba, son las dos únicas excepciones a tanta uniformidad. Las velas al pairo, como hojas secas de una planta muerta de sed, no dan sombra en la que guarecerse. Sólo se oye el murmullo del agua lamiendo la quilla y el crujir de las cosas achicharradas por el sol. Espero.

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