
Así, ayer, mientras la vertiente norte de la cuenca del Nervión se calcinaba al poniente,

en la mergen izquierda palpábamos en las tinieblas, buscando vestigios del sol en los campanarios,

en los tejados,


en las copas de los arces,

en las fachadas de las fábricas,

en el extremo de las farolas,

o en los balcones más altos de las casas, en los que se incendia la miel de la madera de Guinea...

Y nos encaminamos a esa luz como polillas a la de una farola.
4 comentarios:
Bello post. Un abrazo
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La ciudad en penumbra
y el sol allá arriba
acariciando
las alturas de la tarde.
Gracias, Juan Luis.
A veces no sé me ocurre nada que decirte, sólo miro, compruebo que la belleza persiste en imágenes y comentarios, y luego me voy con los ojos sonrientes.
Puede parecer una cursilada esto que te digo, pero te aseguro que no lo es.
Muy buenas noches, Glo.
Buenas noches, mertxe.
Y muchas gracias.
:)
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